28 nov. 2011

Las interminables caras de la droga



 Por un lado, el régimen norcoreano "lidera" la lucha contra el narcotráfico con duras sanciones como la pena de muerte a aquellos que posean o trafiquen con cualquier tipo de droga. En las ciudades principales de Corea del Norte, están colgados a pie de la calle decretos para que todos los habitantes puedan verlos. Entre ellos, se encuentra medidas contra el narcotráfico. En este decreto se especifican obligaciones como: avisar a los guardianes oficiales en caso de descubrir un movimiento sospechoso que tenga que ver con el narcotráfico, ser perdonado en caso de devolver las drogas en un plazo de diez días, ser penado a todos aquellos y a su entorno que posean una cierta cantidad (no especificada) con firmeza, y que este decreto va dirigido al público norcoreano. 


 Mientas tanto, se ha detectado al menos en tres lugares donde se fabrican drogas, una iniciativa desarrollada por el mismo régimen incluso antes del fin de la Guerra Fría. Nampo, Wonjin y Cheongjin son las tres ciudades donde los fervientes del régimen desarrollan drogas sintéticas para exportar de manera ilícita a China o a algunos países del Sudeste Asiático. La promoción de la droga en Corea del Norte tiene sus antecedentes históricos empezando a introducir en las embajadas norcoreanas en Oslo, Helsinki y Copenhague en los años 70, hasta que su expansión no ha dado respiro aterrizando en tierras africanas y asiáticos con pequeñas cantidades de heroína y anfetamina (se prevé entre 100 gramos a 3 kg, aunque esta cantidad puede ser aún mayor). Al obtener beneficios fastuosos con el negocio de la droga, el régimen parece no parar con su fabricación. 


 Para obtener aquel placer y felicidad espontánea, la minoría consumista coge el camino de la inhalación de la droga. Agotados de sus vivencias y preguntándose constantemente "¿por qué habré nacido en este país?" intercambian momentos del breve viaje al mundo de las "fantasías" y de las falsas felicidades y se olvidan de todas las penas que les rodean. Según organizaciones independientes que estudian sobre la adicción a las drogas, la cantidad de personas adictas a la heroína o al opio se ha incrementado vertiginosamente y miran con preocupación la expansión del consumo de droga en todo el país. Mientras el régimen mira hacia otro lado, los habitantes se refugian en aquel mundo oscuro que prontamente acabarían con sus vidas. 
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