31 mar. 2012

Memorias nuestras del monte Baekdu


 Fue en el año 1975 cuando mi abuelo paterno, ya fallecido, cruzó al lado chino del monte Baekdu y se hizo un autorretrato con una introvertida sonrisa. Sus vistas, apoyadas siempre de las enormes gafas, se dirigían hacia un paisaje entremezcladas de flores, piedras rocosas y agua con magma sumergida sin saber cuando será su próxima actividad que aún en la actualidad, hace temblar a los residentes de la provincia de Jilin, China y de la provincia de Ryanggang, Corea del Norte. El abuelo intentaba localizar el lado norcoreano del monte Baekdu pero reaccionando de forma tímida ya que cualquier movimiento sospechoso podía disparar la voz de alarma y entrar en problemas con los soldados chinos. Cuando lo consiguió probablemente habrá pensado que esta sería su último viaje al monte y que salvo milagros, jamás vería el lado que tanto ansiaba.

 Cuando la profesora preguntaba: "¿Cuál es la montaña más grande de Corea?", dos respuestas se disparaban entre las mesas. "El monte Baekdu", "¡Que no!, es el monte Halla", "Mi padre dijo que era Baekdu", "Que no, mi tío dijo que era Halla". La discusión de pequeños alumnos se engrandecía a una controversia encubierta de considerar a Corea del Norte como parte de nuestro país o no. Algunos padres enseñaban a sus hijos considerar a Corea del Norte como parte del país mediante la historia contemporánea del país, mientras otros, considerándose anticomunistas, inculcaban a sus descendientes que la montaña más grande está situado en la isla de Jeju. He aprendido que la montaña más grande de Corea era Baekdu y que su altura era 2,744 metros pero me preocupa que las futuras generaciones lo ignoren completamente y que Corea del Norte sea considerado un país extranjero. Los pequeños errores que se explican en los hogares hacen que la ansiada reunificación sea una tarea más ardua.

 Recientemente científicos chinos, norcoreanos y surcoreanos han detectado extraños movimientos en el monte Baekdu. Barajan que en pocas décadas, el monte entre en actividad (su última erupción fue en 1903). En su caso, podría afectar casi a toda la población residente en la zona norte del país y provincias del noroeste de China. Millones de personas, posiblemente, desplazaría hacia el norte de China o Mongolia o desplazará hacia el sur del país clamando ayuda a Corea del Sur. ¿Y el régimen? probablemente se pondrá de rodillas ante el enojo de la naturaleza y suplicará por la perduración.

Monte Baekdu en invierno

 Monte Halla, situado en la isla Jeju. Considerado como el monte más alto de Corea del Sur. Mide 1,950 metros, curiosamente, el número del año del comienzo de la Guerra de Corea. 

25 mar. 2012

Inocentes que nunca olvidaremos


 Los 46 soldados fallecidos tuvieron que presenciar durante el 26 de marzo con sus propios ojos como los proyectiles atentaban contra sus vidas, que sentir las brisas primaverales primerizas. Ya han pasado dos años desde que estos cuerpos inocentes, pero con ganas de proteger el país ante cualquier movimiento sospechoso del régimen norcoreano, fueron maltratados hasta la muerte injustamente y dejando un dolor insoportable que aún no dejan dormir sosegadamente a sus familiares. Mientras toda la población de Corea del Sur se quedaba atónita por el hundimiento del barco Cheonan, el régimen, medroso, no hacía pronunciación alguna sobre lo sucedido e incluso desmentía su culpabilidad cuando las pruebas eran más que evidentes. 

 Este suceso hizo que la palabra "conciliación" se fuera al garete sin posibilidad de hablar en el futuro de negociaciones pacíficas. Este suceso hizo que aquel sueño tan apreciado por los coreanos pero muy lejano como la reunificación sea papel mojado. Aunque Naciones Unidas haya condenado estos ataques, esto no ha hecho más que aumentar la tensión entre los miembros del Consejo de Seguridad por sus obvias diferencias radicalizada principalmente por sus doctrinas. Mientras EEUU, Reino Unido y Francia culpaban a Corea del Norte de la muerte de estos soldados, China y Rusia han querido tapar esta situación y defender a su país "compañero". Estos conflictos diplomáticos sólo hicieron dejar a un lado la rabia y los lloros de los familiares. 

 Dos años después, sus familiares visitan los recuerdos convertidos en lápidas de mármol gris escrita de fechas que marcaron las dos etapas de sus vidas: la fecha que hicieron hacer felices a sus padres, abuelos, hijos y cónyuges y la otra, que tuvieron que aceptar sin anhelarla. Dejan en las lápidas crisantemos blancos y lo limpian con un pañuelo blanco. Temen que la muerte de sus familiares se quede en el olvido. Buscan justicia. Prometen vivir hasta que un día alguien traiga una solución final.

 Nota 1: Algunos/as dirigentes de partidos pertenecientes a la extrema izquierda en Corea del Sur siguen negando la culpabilidad del régimen norcoreano de estos ataques. 
 Nota 2: Los crisantemos blancos son flores que se ofrece de forma especial a los fallecidos ya que para los coreanos simboliza el duelo. 

23 mar. 2012

Otra vez, las drogas


 Es inevitable mencionar la necesidad de cometer delitos como el narcotráfico para sobrevivir por parte de los obreros norcoreanos en amplias tierras forasteras. Se desconoce plenamente si fueron obligados a fabricar de forma casera estupefacientes por sus jefes o si se elaboraron por voluntad propia para generar ingresos. Aunque esta actividad no puede ser contada dentro del territorio norcoreano, aquella detención de varios traficantes que realizaban sus actividades ilegales en Rusia hizo disparar silenciosamente la noticia que los habitantes residentes por el norte del país habrán oído alguna vez.

 Cuando se escuchó la noticia, muchos (fabricantes caseros de drogas) no han dudado en ser destinados a Rusia para realizar ahí sus actividades. Al crecer la demanda repentinamente, muchos han utilizado el soborno para ser los primeros de la lista de destinados a los campamentos. Por cada gramo de droga, un traficante recibía 900 rublos (unos 30 dólares) y los clientes, en su mayoría, son adultos rusos que viven en Tynda y óblasts vecinas. Las drogas, además de ser vendidas a terceras personas, también se utilizan para el consumo propio. Muchos quienes estuvieron ahí dicen: "Consumir esto te hace olvidar del hambre, del frío y del cansancio. Te alucinas e imaginas tu mundo particular". 


 La nefasta parte de las drogas es que existen personas (obreras en su mayoría, pero también hubo casos de jefes) que con el consumo sucesivo pero exagerado de la droga hace que acumulen deudas que no pueden pagar y deciden quitarse la vida. Cuando el momento de la lamentación es demasiado tardío, sus mentes empiezan a avanzar al pesimismo más absoluto y sus cuerpos, ya descarnadas por sustancias placenteras equívocas, no le responden y como último deseo, piden al cielo que cuiden a sus familias y agonizan despaciosamente por voluntad personal.

 Nota: Una parte de estas drogas producidas es vendida por los grupos chinos y rusos que dedican al narcotráfico para luego vender a la población civil. 

19 mar. 2012

Los que están en Tynda


 Cuando la "crisis del rublo" golpeó de manera monumental la economía rusa durante los mediados de los años noventa, los que dependían de la exportación de materias primas como el petróleo, el gas natural, los metales o la madera eran los sectores más perjudicados. Este declive económico también afectó severamente a los que trabajaban en los campamentos de Tynda y, al carecer del registro reiterativo de los taladores norcoreanos por parte de los "guardianes" del régimen, muchos fueron quienes aprovecharon de esta confusión y consiguieron escapar primeramente a la ciudad de Tynda. Se calcula que aproximadamente fueron unas ochocientas personas. 

 En una pequeña ciudad rusa donde el número de los habitantes no pasaba los cincuenta mil, la avalancha de los necesitados norcoreanos ha sorprendido a la mayoría de los nativos. Muchos pensaban, ¿de dónde habrán salido estas personas? Estos agotados y ávidos pedían ayuda. Los gestos faciales con sus dientes debilitados y las manos moviendo manifestaban socorro y un techo donde refugiarse. La incomprensión del ruso era el gran obstáculo para ellos pero prontamente pudieron adaptarse a la sociedad rusa. Sacaban algunos rublos con el transporte de leñas o hacían pequeños arreglos manuales tocando la puerta de cada apartamento. A la inmensa mayoría le gustaba el trato agradable de la gente y han decidido quedarse ahí. Otros han sentido inseguridad y han emigrado a otras ciudades rusas. 

 También existen obreros que de manera provisional han pedido permiso a sus jefes norcoreanos para ir a Tynda y regresar al campamento a cabo de uno o dos años cuando la mejoría de la situación económica en Rusia ha sido notable. Con el dinero ganado, sobornan a sus jefes, compran su silencio, maldicen callado y salen para siempre de aquel infierno que tanto sufrimiento hizo vivir aunque percatan el alto precio de no ver a su familia eternamente hasta que semanas después darán cuenta que pueden hacer una llamada a sus familiares y coger nerviosos el teléfono del locutorio cercano. 

16 mar. 2012

Los que consiguieron escapar


 No quieren que sus rostros sean revelados. Piden una máscara o un trozo de papel para taparse la cara o simplemente no quieren hablar con la gente por miedo a las represalias. Las únicas salidas para ellos serían coger el tren y avanzar hasta Moscú o San Petersburgo. Ocho mil kilómetros. Aquella extensa distancia, para ellos, es el punto de encuentro con la libertad. Manosean de forma desmesurada con personas de pelo dorado y ojos claros para que les enseñe a ir a una estación de tren y coger un billete con destino a la capital rusa. No existen datos cuantitativos de trabajadores norcoreanos que consiguieron escapar de su propio infierno. ¿Cientos? ¿Miles? El espanto hace callar sus bocas y da paso hacia el desconocimiento de sus historias.  

 Hace algunos años, desde la cadena surcoreana EBS, se hizo un excelente documental retratando a un pequeño grupo de adultos norcoreanos establecidos en Rusia que trataban de sobrevivir por las afueras de Moscú sin tener en sus manos ningún documento oficial. Con suerte, algunos podían conseguir el estatus de refugiado gracias a la labor de ACNUR e intentar emigrar a terceros países como Estados Unidos, Canadá, Noruega, Reino Unido, Alemania o Francia. Pero, ¿los otros? Tratan de ganar dinero sin ser multados y requisados de sus beneficios por los politsiyas rusos y aprender el idioma. Dicen que salir del campamento ha sido la mejor decisión y que insistiría que sus compañeros también lo hagan si quieren seguir con vida. 

 Nota: Una parte de sus ganancias son enviadas como remesas a sus familiares en Corea del Norte. 

12 mar. 2012

Los esclavos presentes


 Para los estudiosos de la sociedad norcoreana, los miles de jóvenes y adultos que talan árboles del inmenso bosque siberiano son considerados como los esclavos desconocidos del presente siglo. Sólo descansan dos días al año: durante los días de nacimiento de sus extintos líderes. El factor climatológico asfixiante, la fatiga constante y el escasísimo ingreso económico no son motivos de protesta y sus quehaceres bien hechos son felicitados por sus indirectos jefes rusos. "Nunca he visto en mi vida unos trabajadores tan infatigables como ellos" dice. Aunque son congratulados por sus superiores oblicuos son tratados como ignorantes por jefes nombrados por el régimen y golpea con la hacha contra el tronco del árbol tragándose sus propias lágrimas. 

 Aunque seis mil rublos (unos doscientos dólares) pueda ser una cantidad abundante para los norcoreanos animados, los gastos en el alquiler de la habitación del campamento y en alimentos hace que las sobras económicas sean minúsculas y que no pueda comprar vestimentas especializadas para aguantar frías temporadas en Tynda (temperaturas hasta cuarenta bajo cero). Mientras en el bolsillo del régimen entra cada año unos siete millones de dólares por el acuerdo establecido, los laboriosos, desde hace algunos meses no perciben su correspondiente salario por doce horas de trabajo diario.

 "Puedo aguantar doce horas seguidas talando árboles incluso con hambre, pero lo que no puedo aguantar es el frío. Hace muchísimo más frío que en Corea del Norte. Nunca he sentido una cosa así" dicen los taladores. Los accidentes son frecuentes. Cuando le cae repentinamente un enorme tronco por encima de su cuerpo, su corta vida había llegado a su fin. El cadáver no puede estar al lado de sus familiares porque dicen que hay que ahorrar y llevar el cuerpo hasta Corea del Norte supone un enorme gasto. Mientras tanto, el régimen celebra el ingreso millonario con botellas de coñac francés... Algunos huyeron de aquel campamento. Unos lograron y otros no. Los malogrados fueron apaleados hasta quedarse inválidos  por los jefes ebrios de vodka.

 En la otra gran cárcel norcoreana situada en el óblast de Amur, no está garantizada la entrada. Solamente algunos vendedores ambulantes de nacionalidad rusa habrán podido entrar ahí desconociendo que solamente a sus pocos metros hacia la derecha duermen trabajadores exhaustos pero que en la palma de sus manos estriadas están la foto de su mujer, de su madre, de sus hijos y la carta que le escribieron antes de venir a Rusia.

 Nota: Óblast es la entidad subnacional (región) que se nombra en países como Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Bulgaria. 

8 mar. 2012

Las amistades y sus consecuencias


 Las amistades complacientes entre Rusia y Corea del Norte seguían siendo tolerables a pesar de la caída de la Unión Soviética a principios de los años noventa aunque la relación tan afable que mantuvieron antes del fin de la Guerra Fría decayó lentamente. Cuando el lloroso Vladimir Putin proclamó su victoria electoral en medio de las duras acusaciones por la dudosa transparencia del transcurso de las votaciones en las mesas electorales del país, me entró una gran inquietud por su historial de cierta pasividad en el asunto de protección de derechos humanos hacia los norcoreanos que escaparon de las duras condiciones de trabajo en la zona de Tynda (situada al sudeste de Rusia, ciudad cercana con China y Mongolia) cuando fue el presidente de Rusia entre 2000 y 2008. Su intención de llevar relación de forma bondadosa con ambas Coreas ha resultado ser un previsible decepción siendo criticado por algunas de las organizaciones de derechos humanos de diversos países y haciendo oídos sordos a mínimas peticiones de dignidad de los desertores norcoreanos que cruzaban las frías tierras siberianas sin poder aprender de manera fugaz el ruso y sus caracteres cirílicos.


 En 1967, la Unión Soviética y Corea del Norte firmaron un acuerdo forestal con el fin de fortificar la relación  económica entre ambos países. Muchos, todos hombres, habían escuchado el anuncio que expandió en todo el territorio norcoreano que convocaban trabajadores para ser destinados en la pequeña ciudad de Tynda. Recibir cien veces más del sueldo común en Corea del Norte era una oferta demasiado sugerente que los primeros 3,500 lo aceptaron sin ninguna duda. Hasta los años noventa, el régimen norcoreano consiguió recaudar casi cien millones de dólares con el infinito sudor de sus leales trabajadores. El lado desconocido de este acuerdo se dividían en consecuencias desastrosas para todos aquellos que fueron a las tierras rusas con ganas de ganar dinero y dar una alegría a sus familias: muchos no pudieron aguantar el ritmo de trabajo asfixiante y no tuvieron más remedio que escapar a otras zonas de Rusia, muchos murieron aplastados por los enormes troncos de árboles al carecer totalmente de seguridad laboral y también por el descomunal frío de Siberia al no tener vestimentas adecuadas. Los salarios prometidos no llegaban en sus bolsillos y muchos se sentían traicionados por el régimen que tanto les apoyó para que fueran a trabajar durante horas inacabables.

 Sin identidad y sin ayuda alguna, muchos de aquellos que fueron a Rusia querrían volver a Corea del Norte sólo para ver a sus familiares pero al escaparse fueron considerados "traidores de la patria" que una carta llena de expresiones afectuosas jamás podrá llegar a su destinatario final. Algunos por el camino habrán muerto sin ser reconocido por los nativos y tapado por la nieve en el infierno blanco. Otros habrán aprendido ruso compartiendo pupitre con los niños y habrán comenzado nuevas vidas, nuevos cónyuges estableciéndose en principales ciudades del país.

 Nota: Kim Jong Eun expresó en su carta de felicitación a Vladimir Putin instaurar una "nueva etapa" abierta y amigable entre ambos países. 



Uno de los campamentos norcoreanos establecidos en Tynda, Rusia con el acuerdo forestal del 1967

4 mar. 2012

He perdido a mi familiar


 Las lágrimas no cesan en sus rostros inofensivos y asustadizos. Habían oído historias de aquellos que habían cruzado el río Mekong en la oscuridad con delicada notoriedad y eso les animó a recorrer todo el territorio chino. Sólo les faltaba cruzar el cobrizo río que separa Laos y China. Probablemente no habrán oído noticia alguna sobre el despliegue repentino de la policía china por esas zonas para evitar que algún norcoreano pudiese atravesar el río. La inopia de la lengua mandarín y la prontitud tenaz jugaban en su contra y la presencia de los uniformados del régimen chino habrá asombrado a los recién llegados de forma irritante. 

 Habían oído la presencia de los cazadores buscadores de los desertores norcoreanos que buscan aquella "cuantiosa" recompensa económica que ofrece el régimen chino, así que han decidido cambiar de itinerario. Se llegan noticias de algunos norcoreanos exhaustos desaparecidos cuando cruzaban el río pero que el fallo técnico del barco hizo que sus anhelos de la libertad les dijeron imprevistamente un adiós incómodo. Habían oído tantas veces la frase: "Si cruzas este río, podrás viajar a Corea del Sur que tantas veces deseaste...". Familias que tuvieron que estar separados por un momento con la promesa de que volverían a verse en Tailandia, pero que esa garantía no se cumplió. A veces, la naturaleza le dio la espalda cuando un cocodrilo hambriento atacó la embarcación ilusionada en pisar el barro laosiano. Esperaron a su familiar, pero no lo volvieron a ver. 

 Las muertes producidas en las orillas de este río hacen que las sangres enfurecidas se expandan y que Mekong se ponga cada vez más bermejo. Puede ser que sea una pequeña señal para que sus memorias no se queden en el olvido nebloso.