2 nov. 2011

El aumento de la delincuencia


 Cuando la pobreza azota todo un país, el índice de la delincuencia sube vertiginosamente estén donde estén y miles de personas inocentes son víctimas de actos macabros de personas sádicas. Cuando la respuesta por parte del régimen para combatir la delincuencia es negativa o que su reacción es lenta y débil, cada habitante hace como puede: dormir con el cuchillo en la mano, asegurar que la puerta está cerrada aunque esté hecha de madera y papel de arroz, vigilar por turno por la zona donde vive o simplemente, no dormir. Nadie está a salvo de la criminalidad y casi el 98% de la población norcoreana tiene que convivir cada día con espanto. 

 Es una feliz noticia coger a un asesino en serie peligroso o un ladrón violento que ha robado decenas de casas en pocos meses. Algunos son juzgados y fusilados directamente ante el clamor popular, pero muchos son quienes utilizan esta alternativa y así, libran de ser encarcelados o ejecutados: el soborno. Entregan unos cuantos billetes a los soldados o a las autoridades encargados de la vigilancia callejera. Todos estos hechos dejan decaídos a toda la población. Ahora no saben a quien dejar la confianza ante el semejante caos. Sólo creen en una medida: tomar la justicia por sus propias manos. 
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