31 mar. 2014

La aprobación

Sede de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza

 El día 28 de este mes, se aprobó en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas una resolución para que dicho organismo pueda imponer sanciones y hacer posible un juicio penal contra los máximos responsables del régimen norcoreano mediante la Corte Penal Internacional por las graves violaciones de derechos humanos que sucedió durante décadas anteriores en el país, según las investigaciones liderado por el relator correspondiente Marzuki Darussman. Antes de la aprobación, se realizó la votación en Ginebra obteniendo un sí de treinta países, entre ellos Corea del Sur, Estados Unidos, Reino Unido o Japón. Los que dijeron un no, obviamente, fueron países (seis) que algunos ideológicamente concuerdan con el régimen como Cuba, Venezuela, China, Rusia, Vietnam y Pakistán. La abstención también era una opción muy visible en este caso contando con países como Indonesia, India, Kenia, Algeria, Sudáfrica o Arabia Saudí.

 La respuesta norcoreana no tardó en llegar. Cada punto de las investigaciones hechas por la Comisión les parece una mendacidad y que se opone a aceptar dicha resolución. Además han añadido las debilidades relacionadas con los derechos humanos de países que han votado a favor como la de Estados Unidos con la invasión a Irak o Afganistán o el tema de Guantánamo. Japón también se ha librado de las críticas mencionando sobre la cuestión de las esclavas sexuales provenientes de Corea durante la Segunda Guerra Mundial o sobre el creciente racismo sobre los extranjeros en el viejo continente. Y que ellos continuarán con la defensa de su particular socialismo para garantizar la "estabilidad" en la zona.

 La estrategia del régimen norcoreano para esquivar sus flojedades siempre se ha destacado cuando se discutía sobre ellos. En 2009 cuando se hizo el Examen Periódico Universal, Corea del Norte utilizó la misma maniobra para librarse de las críticas atacando a países como Corea del Sur, Estados Unidos o Japón. Para ser objetivo, sería yo la primera persona en denunciar cada una de las irregularidades que ocurre en todos los países que existen en la actualidad ya que la historia nos ha enseñado con los años que una sociedad perfecta jamás ha existido y que no existiría en el futuro. Pensando solamente en todas las víctimas cuyo dolor será difícil ocultarla, el régimen norcoreano tendría que ser capaz de reflexionar sobre sus acciones pero desgraciadamente eso no sucederá hasta el final de su existencia. 

28 mar. 2014

¿Cambiar el acento?


 Anteriormente, hace algunas décadas, los que pisaban Seúl por primera vez no paraban de observar las edificaciones que con el tiempo crecían solos. Eran aquellos que venían a la capital en busca de una mejor oportunidad a nivel profesional y personal. Esperaban ser contratados en alguna empresa y cuando llegaba al lugar de la entrevista, los que evaluaban oían su acento natal. "¿De donde es usted?". Se oían respuestas como "Soy de Busan", "Soy de la isla de Jeju" o "Soy de Gwangju". Ellos mismos, para tener una mejor opción laboral, con los años, empezaban a olvidar sus acentos originarios y adaptarse al estándar. En la actualidad esa visión ha mejorado y la sociedad surcoreana ha conseguido a valorar las entonaciones que hay más allá de Seúl. 

 A partir de los años noventa, con la hambruna que azotó todo el territorio norcoreano, el número de los refugiados incrementó en Corea del Sur hasta llegar a unos 25.000 en la actualidad. Aquel entonces, la población conocía de sus "vecinos" del norte solamente por las acciones de los Kim y la ideología comunista. Cuando ellos empezaron el proceso de adaptación en el nuevo mundo, una de las tareas pendientes era cambiar de acento lo más apresurado posible para que no le digan de forma despectiva "¿Eres de Corea del Norte?". El intercambio de las miradas introductorias no fueron del todo agradable y eso hacía crecer la diferencia entre los recién llegados al país y los residentes. 

 Esa tarea se ha convertido en algo obligatorio. Cuando observo por la televisión a las mujeres u hombres norcoreanos hablando delante de las cámaras, mínimamente veo a ellos hablando con su acento natal. La mayoría ya llevando años en Corea del Sur y sus acentos que tuvieron están a punto de desaparecer. Quizá en sus hogares hablen sin la acentuación estándar. Estarían presionados por la sociedad que acaban de experimentar y tratan de seguir unas normas de convivencia que en realidad no existe: variar la entonación. Sinceramente, desde mi punto personal, en cuando llegue la reunificación, espero que den muy en cuenta la conservación de los distintos tonos del coreano. Sean de donde sean. Eso haría enriquecer aún más el lenguaje. 

24 mar. 2014

¿Golpear a los americanos?


 La educación se ha convertido en una herramienta excepcional para instruir a una nación. Corea del Norte tampoco ha sido la excepción. Y el régimen lo utiliza a las nuevas generaciones para que su odio hacia Estados Unidos sea eterno. El caso ejemplar sería en los festivales deportivos que se celebran anualmente en todos los colegios del país. Separan a todos los estudiantes en dos grandes grupos e inician una carrera de relevos. Los docentes de algunos colegios le dan palos de madera y otros, un fusil de plástico. El primer relevista recorre hacia la meta final, cuyo cuadro o muñeco de paja es un soldado americano "debilitado", le golpea lo más enérgico posible y vuelve a la línea de salida para dar el palo al siguiente compañero.

 Cuando abren los libros de texto, un alumno norcoreano descubre a través de las letras una infinita cantidad de "crímenes" que habían cometido los estadounidenses en sus tierras. Secuestros, experimentos bacteriológicos con seres humanos, homicidios, hurtos y cantidades de infracciones graves son absorbidas en la retina de los niños que ni siquiera han cumplido los diez años. También las películas "ayudan" a que los futuros soldados puedan sembrar el odio hacia Estados Unidos. Los protagonistas son unos valientes militares norcoreanos que luchan contra el imperialismo americano, interpretada por unos actores que en realidad fueron apresados por el régimen o que voluntariamente han querido establecerse en el país.

 Esa carrera de relevos aún se realiza cada año en todos los colegios del país. Hasta que uno sale del país y se da cuenta que vivían engañados y que no sabía que durante los años noventa el régimen había recibido toneladas de ayuda alimentaria por diversos países, entre ellos Estados Unidos, pero que el sector de población más necesitada no lo recibió y desaparecieron. Pero en Corea del Norte, dichas cosas no se cuentan y obligan a los estudiantes de educación secundaria que escriba un breve ensayo o que dibuje sobre los "maliciosos" americanos y surcoreanos. El que mejor exprese su tirria hacia esos países se llevará un premio. Quizá un libro de las bondades que ofrece el líder al pueblo. 

20 mar. 2014

El mal comportamiento de las inexpertas


 Ocurrió hace dos años. Sin duda, uno de los escándalos más sonados en la diplomacia surcoreana relacionado con los refugiados norcoreanos. Se combinaba la mala educación de los administrativos inconscientes y la pasividad de los delegados en un escenario fuera de la península. En este caso, Tailandia. Cada cierto tiempo, las funcionarias de la embajada debían visitar el centro de internamiento de Bangkok para informar a Seúl como estaban los desertores norcoreanos en las celdas de forma provisional. Algunos permanecían semanas o incluso meses, dependiendo de la entrada de los norcoreanos por el aeropuerto de Incheon. Pero el caso fue que dos trabajadoras de una edad que no llegaban al treinta, perversas de carácter, injuriaba a los norcoreanos de manera más denuesta posible. 

 Se oían frases como: "¿Para que vienes hasta este país?, "En Corea del Sur, no hay sitio para escorias como vosotros", "Espero que te pudras en la cárcel y que no te pueda ver jamás", etc. En un país donde la moralidad y la ética se inculcan en cada rincón de la esfera privada, la funcionaria empezaba a utilizar un lenguaje informal hacia personas que doblaban la edad. "Eh, tú. ¿Acaso no sabes ni escribir correctamente una frase?". Adultos y ancianos no hacían más que aguantar semejante humillación mientras que se comentaban si el habla de los surcoreanos era así de degradantes. Si alguien caía enfermo en la celda, ni siquiera preguntaba por el estado de la paciente. Se apuraban demasiado para marcharse de ese centro. 

 Entonces llegaron las cartas de queja dirigiéndose hacia la embajada de Corea del Sur pero no hubo alguna respuesta. El escándalo salió en todos los periódicos y los medios del país. Entonces la pasividad de los delegados parecía desaparecer pero sin solución agradable. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, decían que el mal comportamiento de las funcionarias era exagerado. Dicha declaración hizo que el enfado de la opinión pública de Corea del Sur aumentara más que las problemáticas fueron despedidas de forma silenciosa y enviadas de nuevo a Seúl. Y se calmó de repente. Aunque hay personas que aún no consiguen olvidar de aquellos días. Sobre todo quienes han oído de primera mano los improperios. 

Imagen de Donga Ilbo

 Nota: La imagen superior es una de las cartas enviadas a la embajada de Corea del Sur en Bangkok. En una de las frases dice: "Me duele mucho oír insultos y que digan que somos unos animales cuando hemos sufrido para venir hasta aquí durante días". 

16 mar. 2014

La necesidad de avanzar


 La ilustración explica perfectamente como el proceso de adaptación de los estudiantes norcoreanos y trabajadores de avanzada edad sigue siendo arduo en la sociedad surcoreana y se necesita el esfuerzo de todos aquellos que esperan a medio plazo una reunificación en la península. Ahora mismo, según las estadísticas, más de 26.000 norcoreanos han establecido en Corea del Sur logrando así una atención creciente hacia ellos pero todavía no tan suficiente. Aún existe aquel perjuicio de un sector desinformado de la población que cree que la mayoría de los que llegan al país son "espías" debido a tumultuosos antecedentes históricos. Y algunos tienen ese pavor "durable" para iniciar una conversación con ellos.

 Todos estos actos no hacen más que sembrar la decepción entre los refugiados que habían encontrado la libertad. Los que comienzan a pisar en el campo de la educación, no muchos logran acabar los cursos correspondientes. Los datos son muy preocupantes. Casi el 50% de los alumnos norcoreanos no consiguen acabar los estudios y el apoyo del gobierno no llega a ser del todo competente para solucionar el problema. En un artículo leí una frase demasiado cierta. "¿Cómo seremos capaces de ayudar a más veinte millones de norcoreanos en el futuro si no entendemos los obstáculos que tienen que afrontar los 26.000 refugiados que viven actualmente?"

 Esto no significa una consecución del pesimismo sobre el tema. He leído historias impresionantes de aquellos que lograron sobrepasar los impedimentos y consiguieron sus objetivos en el ámbito personal y profesional. Son ejemplos humanos que merecen ser contados por su perseverancia y valentía para tener lo que más querían. El esfuerzo se sigue llevando a cabo y diversas asociaciones ven frutos de avance. Pero aún queda esa necesidad de seguir mejorando. La primera piedra está puesta. Ahora es cuestión de evolucionar.  

13 mar. 2014

Sus ganancias existentes


 Los que trabajaban en el complejo industrial de Kaesong aún no se lo creían. Por su labor iban a recibir de 70 a 130 dólares mensualmente dependiendo de la función. Cada dólar americano equivalía a 100 wones coreanos y dicha cantidad parecía dar una gran estabilidad en sus comunidades familiares. Empezaron en sus nuevos puestos de trabajo, cumplieron con satisfacción todos los encargos y los supervisores estaban contentos ante sus quehaceres correspondientes. Pero a la hora de recibir el salario mensual, solo les dan dos dólares. Piden explicaciones y dicen los que mandan que de su salario base les han descontado el alojamiento, seguros de diferentes tipos, etc. Algunos discrepan pero no lo manifiestan y otros no tratan de poner una cara agobiante y reciben "encantados" los dos dólares.

 Hablan entre ellos e intentan poner la mejor cara posible. "Al menos somos unos afortunados que trabajamos aquí, si estuviéramos en alguna parte del país posiblemente moriríamos de hambre". Pero aún así siguen sin estar convencidos y como acto de rebeldía, intentan afanar de pequeños objetos que hay en el complejo: comida como los demandados alfajores de chocolate Choco Pie o vestidos que quizá su compañera de al lado habrá cosido el día de antes. Al no poder adquirir solamente tres kilos de arroz con los dos dólares americanos, intentan negociar en el mercado de la zona cambiar a 8000 wons por cada dólar. Algunos fracasan en el trato y otros incluso logran subir hasta los diez mil. Mientras tanto, en el bolsillo del régimen, que muy posiblemente financiará en la fábrica de armamentos siendo misiles como prioridad, siguen llegando dólares.

Nota: En los mercados de Corea del Norte cada kilogramo de arroz se vende de 4000 a 5000 wones aproximadamente. 

10 mar. 2014

El escape más atípico


 Los refugiados norcoreanos seguían llegando al Sudeste Asiático después de horas caminando por la selva. Tanto que en tres países (Tailandia, Camboya y Vietnam) el número de desertores alcanzaban casi el millar. Esto demostraba, con los años, crecía el enorme descontento de la inmensa mayoría de los habitantes del país. Los intermediarios y miembros del consulado surcoreano aconsejaban a los recién llegados a China ir hacia Tailandia ya que Camboya y Vietnam siguen teniendo relaciones plenas con Corea del Norte. La tensión llegó a su límite a este último país cuando un desertor mató de manera desesperada a un funcionario vietnamita para escapar de la prisión con el fin de evitar la deportación. 

 Pero los norcoreanos seguían llegando a Vietnam, muchos de ellos sin demasiado conocimiento sobre el país, e inmediatamente fueron dirigidos a cárceles permaneciendo ahí durante meses. Algunos de las encarceladas eran mujeres embarazadas que sufrían golpes de calor o enfermedades. Estaban muy debilitadas y la tardía reacción del consulado surcoreano no ayudaba a seguir con el procedimiento adecuado para llevarlas al destino final: Corea del Sur. Ante la preocupación, surgieron repentinamente planes para rescatar a los desertores. Uno de ellos era alquilar un barco gigante para llevarlas a escondidas desde puertos cercanos de la ciudad de Ho Chi Min hasta llegar a Busan. 

 Aquel plan finalmente no se llevó a cabo pero, en un momento dado, el consulado surcoreano preparó dos aviones de gran tamaño para transportar a 468 norcoreanos, previo acuerdo con el gobierno vietnamita, que hasta el día de antes no supo de aquel escape infrecuente. Esta vez si funcionó. Salieron de Vietnam con destino al aeropuerto internacional de Incheon. Algunos no se lo creían y preguntaban a las azafatas. "¿No iremos de vuelta a Corea del Norte, verdad?". "¿Están seguros que vamos a Seúl, no?". Esas horas en el avión parecían interminables pero el plan fue un éxito que salió en todos los medios de Asia Oriental. Tanto que la ruta de los desertores hacia Vietnam, a partir de aquel entonces, se cortó y los demás tuvieron que dirigirse a otros países. A Mongolia o Tailandia como principales vías. 

4 mar. 2014

La espera de los tres mil


  Os lo dije. Que ellos no iban a cambiar nunca. Era terminar los pocos días de la reunión familiar que consiguió ser de alguna forma uno de los momentos más vistos por la comunidad internacional y empezar con los lanzamientos de misiles que alcanzaron los 155 kilómetros desde Wonsan. Las hostilidades continuas entre ambos países han vuelto y la pantomima del régimen norcoreano de una falsa esperanza que transmite a los habitantes norcoreanos una y otra vez por la televisión o la radio será constante. Mientras tanto, el número de personas que esperan esa oportunidad de ver a su familiar residente en el norte sigue disminuyendo de manera preocupante.

 Las estimaciones hablan que los solicitantes que no consiguen ver a sus hermanos, cónyuges o padres y que fallecen son unos tres mil anualmente. Para ellos, el tiempo quizá es el mayor adversario para aquel reencuentro que ahora parece tocar solamente a unos muy pocos. Algunos, ya desesperados, intentan subir a las montañas más elevadas para intentar ver las aldeas que están siendo desaparecidos por la orden del régimen. La seguridad cada vez les traiciona y el pánico les cubre diariamente para que el dolor sea un objeto más que acostumbrado. Se preguntan. Porque el sufrimiento no tiene su fin a pesar de haber pasado más de sesenta años. Que culpa tienen ellos y que para ellos, quizá, el acercamiento sea la última estación para encontrar la felicidad.