24 feb. 2016

Nuestros miedos (Cobertura especial desde Ginebra. Parte 1)

Oficina de las Naciones Unidas, Ginebra

 ¿Quién iba a pensar que estaría algún día de estos en Ginebra? Es una ciudad donde se caracteriza principalmente por la concentración de organizaciones mundiales como ACNUR, OIT, OMS, UNICEF (más de 30), pero también instituciones como el Banco Mundial o el FMI que frecuentemente son reprochados por sus decisiones controvertidas en algunos países. Si tengo que decir la verdad, he estado brevemente en la XVI sesión del Comité Consultivo por parte del Consejo de Derechos Humanos porque se trataba de una reunión menor (y limitado a diplomáticos y trabajadores de la ONU) comparado con la sesión número 31 del Consejo de Derechos Humanos que se celebrará durante 4 semanas empezando el día 29 de este mes y que se enfocará especialmente en la muy preocupando situación de derechos humanos en Corea del Norte cuyo régimen no sale especialmente bien parado después de que se presentará un informe demoledor por parte de esta organización. Lo que si he podido saber, gracias a los que trabajan en la ONU y de los representantes surcoreanos en Ginebra, es que la fecha donde Marzuki Darussman, investigador especial para este asunto, expondrá la situación será el día 14 de marzo desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche.
 
 Otro de los objetivos de mi viaje a Ginebra era mi reunión y acompañamiento a Lee Young-guk, el que fue el guardaespaldas de Kim Jong-Il pero que ahora denuncia las atrocidades del régimen norcoreano y que le han invitado para que pueda contar la realidad en Corea del Norte. Hace casi un año y medio, escribí un reportaje extenso sobre su historia y Lee conoció, en primera persona, las vivencias personales del desaparecido mandatario. Estaba programado para dar un discurso el martes 23 de febrero (cuyo detalle lo pondré en la siguiente entrada del blog), como invitado especial, en "Geneva Summit for Human Rights and Democracy" (organizado por decenas de organizaciones de distintos países) sobre la pésima situación de derechos humanos en Corea del Norte. Las peticiones para poder entrevistarle no paran de llegar y Lee se mostró preocupado.

 Extracción de la entrevista personal y de carácter informal con Lee en Ginebra caminando por las calles:

- "Está bien conceder entrevistas a distintos medios y de poder decir que es lo que está pasando en Corea del Norte. Pero estoy preocupado de recordar el pasado que trato de olvidar. La trauma aún me afecta física y psicológicamente...".
- "A veces pienso...si hubiera sido un ciudadano normal de Corea del Norte...no tendría tanto sufrimiento que estoy teniendo también en la actualidad. Pero en aquel entonces, si te dicen que seas el escolta del líder, no tienes otra forma que seguir esa orden. Yo estuve muy cerca de él, lo he visto todo, he desertado y ya no estoy en Corea del Norte. Pero las fantasmas del pasado sigue persiguiéndome cuando trato de decir mi testimonio ante el mundo". 
- "¿Gabriel, estás seguro que quieres seguir con esto?" (El autor dice que si y pregunta a Lee el porque de esa pregunta). "Porque luchar por los derechos humanos es una tarea ardua. A veces, es una lucha muy solitaria. Cada vez que salgo por la televisión, especialmente con mi estatus, no paro de recibir amenazas de forma anónima. De la gente que no conozco. Mi cuenta de Facebook ha sido hackeada. Es duro. Muy duro, todo esto. Tengo miedo. A veces, demasiado. Estamos expuestos a que nuestras vidas corran peligro cuando estamos luchando por el bien de la humanidad. Mientras sigas con lo de Corea del Norte, vas a tener miedo. Ahora o en el futuro. De eso, estoy seguro. Me alegro que estés conmigo aquí en ese lugar que apenas conocemos. Mañana (martes) tendré hasta diez entrevistas. Nos queda mucho trabajo por hacer". 

Ginebra de noche. Estación de tren Gare Conravin. 

18 feb. 2016

¿Qué será de ellos?


 Durante estas semanas solamente hemos visto la noticia del lanzamiento del satélite y su posterior celebración por parte del régimen para celebrar el éxito del evento, algo que la comunidad internacional ha reprochado con dureza y de manera casi unánime. La tensión, por enésima vez y cada vez que Corea del Norte realiza actividades de este tipo, crece de una forma vertiginosa que conlleva a decisiones que podría considerarse como precipitadas. Y esta vez ha sido el parón operativo del Complejo Industrial de Kaesong que está situado en la frontera entre las dos Coreas y que da acceso a la colaboración entre los empresarios de las pymes surcoreanas y los trabajadores norcoreanos.

 Esta decisión tiene dividida en dos, proporcionalmente hablando, a la opinión pública de Corea del Sur. No hay demasiada diferencia. Los que ven con buenos ojos esta decisión creen que esto hará que el régimen norcoreano se quede cabizbajo por sus acciones equivocadas. Mientras que los que critican esta decisión creen que los daños económicos superarán miles de millones de dólares afectando la poca "amistad" que hubo entre las dos Coreas y el anhelo de las empresas que buscan hacerse un hueco en ese complejo industrial. Pero estos antecedentes han sido demasiado repetitivos cada vez que la relación de estos dos países estaba en su peor momento. Por ejemplo, en 2009, el régimen norcoreano intentó bloquear hasta tres veces el acceso a los camiones que iban a entrar en Kaesong. Y por último, lo que pasó en abril de 2013 (quizá la más grave) cuando se cerró por completo. Hasta que en septiembre del mismo año se abrió otra vez.

 Pero aquí nadie pregunta sobre los trabajadores norcoreanos que están en ese complejo industrial. De aquellos hombres y mujeres que permanecen en silencio. En Corea del Norte, estar en aquel sitio es considerado como el mejor trabajo que puede tener un ciudadano y las solicitudes no paran de llegar a las instituciones correspondientes soñando que algún día podrán estar ahí. Pero a raíz del rifirrafe existente, la inseguridad se acecha sobre los más indefensos. En 2013, casi cincuenta mil trabajadores de origen norcoreano perdieron sus trabajos y enviados a sus ciudades de origen. Al carecer de datos concluyentes, no sabemos si en septiembre habían vuelto a Kaesong para laborarse o que esa oportunidad han sido cogido por otros. Ellos viven con la incertidumbre. Pero no pueden protestar porque eso es una actividad casi prohibida en Corea del Norte así que la obediencia bajo vigilancia es la mejor forma de la supervivencia. 

13 feb. 2016

El síndrome Galápagos


 En coreano hay un término que se utiliza frecuentemente pero que identifica a la sociedad de ambas Coreas: el síndrome Galápagos. Una noción que explica la autarquía de un determinado país insistiendo su propio sistema o modo de vivir desviando el criterio que sigue la comunidad internacional. Es un concepto que se ha aplicado, hasta ahora, en aspectos tecnológicos y económicos. Los países que más padecen este síndrome son Japón y, de cierta manera, Corea del Sur. Los ejemplos que se podría mencionar son, en caso de Japón, el sistema de telecomunicaciones, el uso de fax y de tarjeta bancaria que tienen sistema propio y cerrado. Mientras que en el caso de Corea del Sur podría ser los usos múltiples de plugins para activar la seguridad en una página web o el uso habitual de Hangeul (procesador de texto) cuando en el exterior se utiliza el Microsoft Word.

 Pero este concepto se puede aplicarse más allá de los aspectos tecnológicos y económicos. Es decir, también en la figura política. Y el ejemplo claro es Corea del Norte. Sabemos que esta semana el régimen ha lanzado un cohete, que muy posiblemente puede ser reutilizado como un misil, y que condujo a la condena casi unánime de la comunidad internacional. Especialmente me llama la atención la reacción de China que ha mostrado un cambio de actitud (distante) después de la supuesta prueba de la bomba de hidrógeno que anunció el régimen. Y el lanzamiento de la Kwangmyeongseong 4 ha sido la gota que ha colmado el vaso para que el Ministerio de Asuntos Exteriores chino criticara de manera oficial y firme dicha acción, algo que era impensable hace una década.

 Kim Jong-eun ha heredado de su abuelo el hecho de sentirse asolado del resto del mundo. Y Juche es la prueba contundente. Él camina solo pero se siente orgulloso de sus acciones que para él se supone que son correctos pero para el resto de los mortales no. La Naciones Unidas presentó hace algunos meses un informe demoledor que urge la necesidad de asistir a más de 2,2 millones de personas que padecen una desnutrición severa y que tristemente podría ser un dejavú de la hambruna de los años noventa. Pero al joven mandatario norcoreano lo importante es el aspecto militar, tratando de emular las "hazañas" de su abuelo. Él sigue caminando solo. Y para esquivar las inseguridades suyas, utiliza la purga, los lanzamientos y pruebas de objetos armamentísticos de gran peligro. Pensando que lo suyo es el camino correcto.