16 jun. 2011

Los desplazados (Parte 8: Nadar para vivir)


 Se asoman varias cabezas entre las piedras de los mares entre la frontera de Corea del Norte y Corea del Sur. Una vez llegados a su destino, piden ayuda y libertad. Están exhaustos después de pasar varios días caminando sin que nadie les mire y nadando casi el día entero. Agradecen al cielo por llevar hasta su destino final con salud ya que muchos, antes de alcanzar han sido descubiertos y tiroteados vilmente por los soldados norcoreanos. Y miran aquellas redondeadas cuerdas de metales espinosas y se murmuran: "Este sitio era un país, ¿por qué? ¿Por qué?". 

 Solo los más valientes han sido capaces de cruzar esta frontera, posiblemente, la más arriesgada del mundo, donde está sembrado miles de minas antipersonas y donde miles de soldados de ambos países vigilan día y noche sus territorios. Muchos de los que querían encontrar su dignidad han sido abatidos fríamente por el régimen cuando estaban a punto de ver la luz después de tanto tiempo viviendo en las tinieblas. Sus cuerpos convertidos en cadáveres han desparecido, sin poder tener la última oportunidad de decir adiós a sus seres más queridos. 
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