19 nov. 2014

Un gran paso

Imagen de YonhapNews

 Hoy el mundo entero estaba pendiente de una votación que posiblemente cambiaría el destino dentro de la cúpula del régimen norcoreano. Y el resultado ha sido el siguiente: 111 votos a favor, 19 en contra y 55 abstenciones una resolución no vinculante pero un paso importante para que la Asamblea General de las Naciones Unidas pida al Consejo de Seguridad un juicio penal a los responsables del régimen que cometieron graves violaciones de derechos humanos en Corea del Norte. Exactamente el 60 por ciento de los miembros de dicha organización quería ver un cambio ante los gritos de cientos de miles de desertores que pedía libertad. 

 Rusia, China, Siria, Bolivia, Venezuela o Irán votaron en contra. Algo muy esperado aunque sinceramente esperaba un voto de abstención por parte de la delegación china. Esto puede dificultar en el pleno de la Asamblea que se celebrará en diciembre. Ahí habrá 15 miembros, 5 permanentes y 10 no permanentes, que votarán si van a llevar a los miembros destacados el régimen ante la Corte Penal Internacional. Si Pyongyang hubiera firmado el Estatuto de Roma antes (algo que Estados Unidos tampoco quiere firmar), con el resultado de hoy inmediatamente el trabajo liderado por Kirby, Darusman y Biserko había llegado a su fin. 11 miembros del Consejo, entre ellos Corea del Sur, prometieron que votará a favor. Cuatro de ellos aún no sabe quien votar. Pero si China y Rusia usa su derecho al veto para esta ocasión no prosperará más todo este trabajo realizado. Es decir, no tiene que haber ni un voto en contra. 

 Algunos creen en las sorpresas y otros no. Pero lo que sí quiero mencionar es que al régimen norcoreano el número de los aliados se está reduciendo de una forma drástica. Solamente 18 países "amigos". La delegación norcoreana, después de ver los resultados, dijo que todo este proceso es un escándalo y una "conspiración" hacia ellos. Y que la Unión Europea y Japón, los precursores, son básicamente títeres de Estados Unidos. Por supuesto que ellos tienen todo el derecho de decir lo que quiera pero cuando las familias japonesas que aún esperan a sus hijos o padres que fueron secuestrados décadas anteriores, es entonces cuando no se atreven a decir ni una sola palabra. Eso es lo que yo llamo ser unos auténticos sinvergüenzas. 
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