6 nov. 2014

La primera sorpresa de los fieles


 Era inédito que el encuentro entre los mandatarios de Corea del Norte y Japón ocurriese. En cualquier momento, pudo haber una cancelación de última hora seguramente debido a la incomodidad que suponía. Pero finalmente, la reunión prosperó. Un apretón de manos y una sonrisa reducida. Era durante el año 2002, cuando la relación entre ambas Coreas era compasiva aunque el régimen norcoreano trataba de oponerse a escondidas algunos acuerdos que ellos prometieron a cambio de recibir ayudas económicas. Las consecuencias de la hambruna hacía Kim Jong-Il buscara dinero rápido. ¿Cuál era el modo? Dando apretones de manos. Todo esto para no recibir críticas de la comunidad internacional. 

 El tema de conversación entre Kim y Koizumi era básicamente una. Arreglar de una vez por todas la cuestión de los japoneses secuestrados en Corea del Norte durante los años 70 reviviendo la dolorosa memoria de Megumi Yokota y de cientos de personas más. Entonces Kim habría preguntado: "Si pido perdón por nuestros errores y prometo devolver a los que están en mi país al tuyo, ¿que me darás? "Te daremos ayudas económicas. De las que tú no puedes ni imaginar, estamos hablando de miles de millones de dólares americanos". El acuerdo pareció agradarle a Kim pero Koizumi dijo que antes enviara el cuerpo de un japonés secuestrado y que dé una prueba que diga que Yokota estaba viva. 

 Kim volvió a Corea del Norte y por correo envió los huesos de un japonés. Koizumi se precipitó y envió la cantidad prometida. Pero después de las pruebas de ADN se supo que ese cuerpo era de un norcoreano. Desde aquel entonces, la relación entre Japón y Corea del Norte empeoró de una manera drástica hasta que este año ambos delegados se reunieron en Estocolmo para retomar las reuniones sobre los secuestrados japoneses por el régimen. Los fieles, que hasta ahora pensaban que Corea del Norte era el país más transparente, se llevaron la primera gran sorpresa al oír el perdón de Kim Jong-Il por el secuestro que él mismo dirigió. ¿Como es posible que nuestro líder hiciera eso? Muchos habrán pensado así. De ahí hubo otra división. Aquellos que aplaudieron ese acto de Kim. Y otros que cayeron en el pozo de la decepción hacia su líder. 
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