7 ene. 2014

No hables de Kaesong

Complejo industrial de Kaesong

 Desde que el complejo Kaesong abrió sus puertas hace ya diez años, se ha convertido para muchos de los norcoreanos en aquel pequeño mundo que le daría estabilidad laboral y bienestar familiar. Cuando las primeras ofertas de trabajo fueron convocados en el tablón de anuncios en las distintas ciudades del país, mucho no lo dudaron demasiado decir una respuesta afirmativa aunque siempre habían tenido aquella pregunta comprometida de como podía ser eso de trabajar con los "vecinos" del sur de forma conjunta. Después se supieron que podían verles pero no hablar con ellos ya que supondría el despido inmediato y una sesión de reeducación sobre la grandiosidad socialista. 

 Esto no detuvo que los trabajadores norcoreanos del complejo industrial pudieran tener los primeros síntomas de ofuscación sobre la sociedad de Corea del Sur. Hasta entonces, los que estaban ahí sabían a través de la televisión o la radio que sus vecinos rebuscaban comida entre montones de basura y eran enfermos de forma constante por no tener acceso directo a la sanidad. Los delegados norcoreanos, por la orden del régimen, han conseguido girar la atención de estos trabajadores hacia otro lado mediante vigilancias exageradas. Tanto que llegó a prohibir la conversación entre los trabajadores.

 Y otra orden se dio en Corea del Norte. Sea usted de Pyongyang, de Chongjing o de Sinuiju, está terminantemente prohibido sacar coloquio sobre Kaesong. Y empezaban a enseñar que aquel sitio era el sinónimo de la degradación de origen capitalista. Desde entonces, los anuncios ya no se hacen en voz alta. Sino a susurros. Aceptan primeramente a aquellos quienes son capaces de entregar sobres que contienen billetes grandes y que tengan aquel ingenio de adular para satisfacer a los examinadores. Para conseguir trabajar en aquella zona "depravada". 
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