18 ene. 2014

El fin de la pesadilla


 Se hace llamar "Amidon". Es polvo, de colores claros, y frágil. Pero una vez adentrado en el cuerpo humano su capacidad adictiva se expande afectando especialmente al cerebro y hace olvidar a casi la inmensa población, por un momento, la agónica realidad que existe en Corea del Norte. Hasta ahora, las drogas más representativas en el país han sido las sintéticas de elaboración casera y semillas de opio. Pero durante estos años, estas sustancias se han reinventado por algunos avispados que han visto beneficios importantes en esto a costa de deshacer los físicos de los inocentes. A ellos no les importa las cuestiones personales. Los billetes sí. Si son grandes, mejor. 

 Incluso hubo casos de familiares que han tenido que vivir en la calle al gastar todas sus ganancias en estas drogas nuevas con el fin de experimentar la paranoia colorida. La adicción es tan eficaz que una vez probada, es improbable realizar una actividad cotidiana como caminar a medio plazo. Pero a una población muy acostumbrada con lo exhausto es la mejor forma para no sentir el desgaste muscular después de interminables horas de trabajo. Estas ventas están teniendo tanto clamor en Corea del Norte que incluso se regalan en días festivos, durante las escasas reuniones familiares. 

 Quizás miles de personas no son capaces de salir por sí solas de aquel agujero invisible y temido. Adultos y niños. Hombres y mujeres. Sin distinción alguna. El "Amidon", que los expertos lo relacionan mucho con la morfina, sigue llevando a la desaparición instantánea de los inocentes. Ya una vez llegado al último nivel que es la muerte, la pesadilla ha llegado a su fin. Ya no hace falta inhalar aquellos polvos claros. Cuando ya dejan de respirar, el "Amidon" les da el último adiós e inmediatamente busca a por la siguiente víctima. Mayormente personas que no escapan en el laberinto de la angustia. 
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