10 feb. 2013

Historias (Parte 6: La vida después de la jubilación)


 Desde joven, él había recibido honores por el régimen por haber sido un militar valiente y fiel. Durante décadas anteriores, fue uno de los receptores de todos los beneficios que podían tener un militar de alto cargo. Estudió ingeniería en la universidad de Kim Il-Sung, considerada como la mejor institución superior del país. Fueron casi cuarenta años de dedicación al régimen sin conocer la palabra pobreza. "No me faltaba de nada. Si eras un militar cercano a la cúpula dirigente del país, los caprichos se te asomaban en tu interior. Desconocías lo que ocurría en el exterior de la capital. ¿Personas muriendo de hambre? Era una frase que tratabas de negar o pensar que era solamente un mito". 

 La hambruna y la pésima gestión económica del régimen obligaron que gente como él a que malvendiera todas sus pertenencias. Los precios habían subido y cada kilo de alimentos básicos se había convertido en una ostentación. "Los ingenieros habíamos oído que el gobierno de Corea del Sur había enviado cincuenta mil pares de zapatos, cinco mil unidades de vestimentas y toneladas de comidas a Corea del Norte. No hemos recibido nada. Nadie sabe a donde han ido todas esas cosas. Estados Unidos, aquella nación que tanto odiamos no rechazamos sus ayudas humanitarias". Su nieta de siete años murió por una enfermedad relacionada con el estómago. Su desesperación fue creciendo con los años. Sus hijos también tienen los primeros síntomas de desnutrición. Dice que China sería la última opción. Prefiere esperar a que mejore la situación en el país.
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