16 sept. 2012

La frontera del paraíso (Parte 4: Personas que fueron abandonados por su país)


 La última parte del documental es la parte más desconocida de los desertores norcoreanos: los obreros destinados en Rusia. Fue en marzo de 1967 cuando la URSS y Corea del Norte firmaron un acuerdo a enviar más de 3.500 obreros norcoreanos a la zona de Tynda y Khabarovsk, situado justo en la frontera de la parte noreste de China y Rusia. Como se ha contado en las entradas anteriores del blog, muchos fueron embelesados por la cuantiosa oferta de trabajo. Muchos eran jóvenes pero también adultos pero querían dar una estabilidad a sus familias. Casi 100 millones de dólares fueron recaudados al bolsillo del régimen norcoreano con los sudores de los trabajadores. 
 En el documental se cuenta la historia del señor Han (apellido ficticio) que se escapó de aquel campo por agotamiento persistente y por el maltrato de los supervisores a los obreros. En su brazo lleva un tatuaje de la península coreana con la palabra "reunificación" en coreano. Esto demuestra la ansía de muchas personas que ver unificado al país. Nos muestra con su teléfono móvil, la foto de su familia: la de su madre y de sus hijas. No tiene la foto de su esposa. Hace tiempo que no sabe nada de ella. No sabe si está viva o no. 
 El señor Han es un hombre animado a pesar de las circunstancias. Vive en las afueras de Moscú junto a más desertores que también se escaparon de aquel lugar. Cuentan que no perciben nada de ganancias después de horas de labor intensa en el frío invierno ruso: "Claro que sabemos donde va el dinero, al bolsillo de Kim Jong-Il... ¿dónde va a ser?" Están conectados entre ellos pero viven escondidos en Moscú. La búsqueda del trabajo es realmente difícil por el idioma pero también por su situación irregular en Rusia. 

 

 Muchos de ellos recuerdan a sus familiares, pero sin poder hacer nada. Sólo les queda buscar una oportunidad cualquiera. Después de varios días pensando, Han acepta la petición de los periodistas de ir hasta los campos situados en Tynda. Esto supone un grave riesgo para él, ya que una detención supondría su deportación a Corea del Norte. Les toca un largo viaje en tren: 72 horas seguidas. Han da instrucciones a los periodistas para el reportaje pero su rostro está siendo afligido. Duda si borrar la foto de su teléfono móvil para no perjudicar a la familia en caso de la detención. Una vez llegado a una ciudad cercana, cogen un automóvil y recorren durante toda la madrugada hasta llegar a la ciudad de Tynda. 


 Han recorre por las calles de la ciudad para intentar hablar con un norcoreano que se ha escapado de aquel campo. El desconocido norcoreano quería vender a Han su permiso de conducir con total normalidad para tener algo de dinero. Cuenta que muchos mueren: algunos siendo aplastados por los troncos de los árboles y  otros por el frío. Los edificios que componen el campo han aumentado hasta 14 para coger más madera en sus alrededores. La entrada del campo de trabajo, con el cartel "Que viva para siempre el Partido de los Trabajadores" hace temblar a Han. Gracias a la ayuda de un ruso (disfrazando de vendedor de cámaras fotográficas), se pudo grabar el interior del campo, incluyendo la habitación donde reside los supervisores, aquellos denominados "malvados" por los que se escaparon hacia tierras desconocidas. 
 Después de la arriesgada grabación, Han nos muestra un pañuelo que pone: "Dios, protégeme y sálvame de las pruebas y del mal. Yo creo en ti. Muchas gracias. Amen". Han no quería que llegara aquella ocasión de tirar el pañuelo. Por fin, duerme tranquilo en el vagón del tren. Horas después, despide de los periodistas. Tres meses después, se reencuentran en Moscú. Han tiene buenas noticias: está esperando una resolución de su solicitud de asilo. Mientras tanto, está residiendo en una zona protegida por las Naciones Unidas que aloja a los refugiados. Quiere ir a vivir a Estados Unidos. También tiene otra noticia: su esposa aún está viva. Oyó su voz después de 15 años. Se arrepiente de no haberla protegido durante estos años. 


 Han había pagado una cantidad de dinero para sacar a su esposa de Corea del Norte pero ella no había cruzado el río a la hora indicada. No quería dejar a sus hijos. Han sabe que esto puede ser la última vez que hable con Lim (apellido ficticio de su esposa). La llama otra vez para intentar convencerla por última vez. Ante su negativa, dice que se cuide mucho y que siempre la querrá mucho. Y también despide de los periodistas, caminando así hacia su nueva vida en Estados Unidos. 
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