1 may. 2015

No es fácil sustituir la cremación


 Hace veinte años había dos tipos de personas en Corea del Norte. Unos millones de personas que han huido del hambre para abrazar a la muerte mientras otros cientos de personas que cogieron el camino de la supervivencia en tierras ajenas. Los bosques verdosos se desnudaban para dar la bienvenida a las tierras ásperas siendo testigo de las pérdidas y de las despedidas. En cada rincón del país, los extensos bultos en las tierras eran presentes después de enterrar a algún ser querido. El régimen trataba de controlar la situación pero no era posible al ver la expresión de rabia de una gran parte de su población con la pérdida de alguien cercano suyo y, entrometerse en ello no era una buena opción.

 El régimen norcoreano ha dado la orden de reforestar de nuevo esas montañas desnudas y la primera medida para poder lograr aquel objetivo era fomentar la incineración. Pero existe un problema: el coste que no muchos pueden asumir y siguen enterrando a escondidas a los fallecidos suyos. La incineración ocurre principalmente en Hamhung, Pyongyang y Chongjin pero en zonas como la provincia sur de Pyong-an es muy complicado ver a la gente pagar por los treinta litros de diésel y de la manutención alimentaria de los trabajadores de la funeraria. Entonces ellos actúan por las noches en una carretilla para enterrar a su familiar fallecido en una zona desconocida de las montañas.

 Pero siempre hay alguien que son descubiertos después de realizar un entierro "ilegal". Para adormecer la situación y así evitar el quebrantamiento de la ley, el soborno (alimentos costosos o billetes) es una alternativa bastante efectiva. Mientras tanto, los ancianos empiezan a gastar bromas como: "Parece que no tendré que morir aún al no haber más sitios cerca de nuestro lugar". Con el paso del tiempo, especialmente estas dos últimas décadas, Corea del Norte se ha convertido en un sitio donde uno nace vigilado del poder absoluto hasta la muerte. Decesos que no son compatibles con la quietud y que aquel dolor lo está heredando las siguientes generaciones. 
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