15 sept. 2013

Zonas cerradas temporalmente


 Antes de ser cuerpos libres, los desertores escuchan silenciosamente mediante los intermediarios que zonas de la frontera entre su país y China hay menos vigilancia. Los cientos de kilómetros que separan ambos países, de forma parcial, se convierten en rutas preferidas de aquellos que no aguantan la injusticia, la corrupción y el hambre que parece no acabar. A pesar de la orden de Kim Jong Eun de vigilar la zona fronteriza y que ciertamente agobia a los deseosos, cientos o quizá miles consiguen cruzar los ríos Yalu y Tumen para esconderse en los montes verdosos chinos. 

 La ciudad de Hyesan es una zona donde, a simple vista, se puede ver China. La longitud del río mide solamente treinta metros y durante el invierno la congelación es más duradera que facilita el tránsito a escondidas de cientos de personas, especialmente por la noche cuando la vigilancia está más relajada. Los niños de la flor son los más experimentados en pasar dicha frontera. Algunos presumen haber cruzado más de cinco veces en varios meses. Aunque recientemente el control se fue aflojando en esta ciudad, durante décadas anteriores, fue extremadamente vigilando por el régimen por el carácter "manifestante" de sus habitantes. Es decir, cada problema grave que había, hubo protestas a pequeña escala.

 Quizá esta ciudad podría ser el epicentro del descontento de la población con la élite política del país. Ellos no salen a las plazas a desvelar sus identidades y poner pancartas en contra del régimen. Dichas acciones peligraría sus vidas y la de sus familias. Actúan por las noches. Realizan pintadas inexplicables pero que dañan el orgullo del socialismo tan defendido, rayadas en las estatuas de Kim-Il Sung o llenan de basura en las instituciones públicas de la ciudad. Los militares intentan detener a los responsables pero la ley de silencio domina en Hyesan. Nadie abrirá la boca. Nadie querrá traicionar a los fidedignos. 
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