10 sept. 2013

Diferencia de ideas, una muerte inesperada


 La lucha de poder de la élite política sigue siendo un tema bastante interesante entre los estudiosos y el caso norcoreano tampoco ha sido la excepción. El considerado máximo líder del país y fundador de Corea del Norte Kim Il-Sung empezó a flojearse debido a su avanzada edad a mediados de los años ochenta y tenía la obligación de elegir a un nuevo sucesor para mantener la ideología que desde otras partes del mundo empezó a debilitar mediante manifestaciones organizadas por ciudadanos hartos de la corrupción existente en el interior de sus gobiernos, especialmente en Europa Oriental. En 1985, fue designado parcialmente como sucesor su hijo Kim Jong-Il que supo imponer su estatus en la rivalidad más feroz y "sangrienta" en el interior de la élite. 

 Kim Il-Sung, a partir de aquel entonces, se dedicó a descansar y recorrer el territorio norcoreano para observar el curso de la naturaleza. Desde que su hijo tomó el control, la economía del país cayó drásticamente que tuvo incluso que cortar el suministro del reparto de alimento en la capital, algo que hasta entonces fue un acontecimiento impactante entre los ciudadanos. Ante la situación, el padre no tuvo más remedio que dar el toque de atención para que realizara "correctamente" las labores políticas. Aquel consejo, para el hijo, era una humillación cuyo rencor quizá habrá hecho que las víctimas inocentes fueran los habitantes donde millones de personas desaparecieron sin querer. 

 A principios de los años 90, la Unión Soviética y el comunismo cae y Corea del Norte se queda solo en el mantenimiento de dicha ideología. Al padre se le ocurrió la idea de la reunificación con Corea del Sur tratando de establecer con el presidente surcoreano Kim Yong-Sam y realizar una ronda de diálogos con aquel proceso en mente. Tremendamente asustado y tembloroso, Kim Jong-Il hizo quitar aquella idea a su padre de la cabeza mediante el homicidio inesperadamente cometido por él justo cuatro días antes de la esperada negociación entre ambas Coreas. No podía dejar que su ambición más esperada de poder fuera al trasto en cuestión de días por culpa de su padre y cometió dicho delito que solamente saben algunas personas en Corea del Norte. Hablar de ello en el país supone la pena capital. Si no fuera por Kim Jong-Il y la historia siguiera su curso, quizá la reunificación hubiese sido una realidad mucho más próxima. 
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