6 sept. 2013

Malditas trampas



 El río Tumen simboliza desde los años 90 hasta la actualidad la última frontera de supervivencia para miles de personas que cada año trata de cruzar con el fin de llegar a un país tan cercano como forastero como China. Hay personas que permanecen ahí pensando que está a salvo de las persecuciones constantes del régimen norcoreano y otros que captan imágenes chocantes y diferentes sobre la sociedad surcoreana, algo que hasta ahora había manipulado la élite política de su país. Detrás del río existen huellas pequeñas e incluso de personas de pies grandes que deja sin querer una señal de escapatoria al no poder aguantar más el hambre. Desgraciadamente existen también cuerpos sin aliento, cuyos familiares aún siguen esperando una noticia de una persona ya desaparecida. En las orillas del río aún existen marcas como las dolencias de anónimos. 

 El régimen norcoreano, al no poder soportar como sus habitantes escapaban de forma apresurada del país, ha pensado en varias estrategias. Entre ellos, cavar de forma invisible las profundidades de la tierra mojada del río para que se caigan y que la corriente les lleve hacia otro lado del río y así detectar sus movimientos y auxilios. Aquellas trampas no son visibles y sumamente no detectables. Eso dificulta el tiempo de cruce del río de los desertores. Tratan de sentir con las pisadas si dichas trampas existen. Una. Dos. Y tres. Hay personas que al final del camino consiguen su primer objetivo y otros que, sin fortuna, se ahogan y piden socorro. Ahí está el dilema. Gritar y que le arresten o tratar de mover con los brazos para estar a salvo. Mientras tanto, en la capital, cuando uno trata salvarse de numerosos obstáculos que le interfiere en su camino, ellos planean que trampa idear sin reconocer sus graves errores. 
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