16 mar. 2012

Los que consiguieron escapar


 No quieren que sus rostros sean revelados. Piden una máscara o un trozo de papel para taparse la cara o simplemente no quieren hablar con la gente por miedo a las represalias. Las únicas salidas para ellos serían coger el tren y avanzar hasta Moscú o San Petersburgo. Ocho mil kilómetros. Aquella extensa distancia, para ellos, es el punto de encuentro con la libertad. Manosean de forma desmesurada con personas de pelo dorado y ojos claros para que les enseñe a ir a una estación de tren y coger un billete con destino a la capital rusa. No existen datos cuantitativos de trabajadores norcoreanos que consiguieron escapar de su propio infierno. ¿Cientos? ¿Miles? El espanto hace callar sus bocas y da paso hacia el desconocimiento de sus historias.  

 Hace algunos años, desde la cadena surcoreana EBS, se hizo un excelente documental retratando a un pequeño grupo de adultos norcoreanos establecidos en Rusia que trataban de sobrevivir por las afueras de Moscú sin tener en sus manos ningún documento oficial. Con suerte, algunos podían conseguir el estatus de refugiado gracias a la labor de ACNUR e intentar emigrar a terceros países como Estados Unidos, Canadá, Noruega, Reino Unido, Alemania o Francia. Pero, ¿los otros? Tratan de ganar dinero sin ser multados y requisados de sus beneficios por los politsiyas rusos y aprender el idioma. Dicen que salir del campamento ha sido la mejor decisión y que insistiría que sus compañeros también lo hagan si quieren seguir con vida. 

 Nota: Una parte de sus ganancias son enviadas como remesas a sus familiares en Corea del Norte. 
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