12 mar. 2012

Los esclavos presentes


 Para los estudiosos de la sociedad norcoreana, los miles de jóvenes y adultos que talan árboles del inmenso bosque siberiano son considerados como los esclavos desconocidos del presente siglo. Sólo descansan dos días al año: durante los días de nacimiento de sus extintos líderes. El factor climatológico asfixiante, la fatiga constante y el escasísimo ingreso económico no son motivos de protesta y sus quehaceres bien hechos son felicitados por sus indirectos jefes rusos. "Nunca he visto en mi vida unos trabajadores tan infatigables como ellos" dice. Aunque son congratulados por sus superiores oblicuos son tratados como ignorantes por jefes nombrados por el régimen y golpea con la hacha contra el tronco del árbol tragándose sus propias lágrimas. 

 Aunque seis mil rublos (unos doscientos dólares) pueda ser una cantidad abundante para los norcoreanos animados, los gastos en el alquiler de la habitación del campamento y en alimentos hace que las sobras económicas sean minúsculas y que no pueda comprar vestimentas especializadas para aguantar frías temporadas en Tynda (temperaturas hasta cuarenta bajo cero). Mientras en el bolsillo del régimen entra cada año unos siete millones de dólares por el acuerdo establecido, los laboriosos, desde hace algunos meses no perciben su correspondiente salario por doce horas de trabajo diario.

 "Puedo aguantar doce horas seguidas talando árboles incluso con hambre, pero lo que no puedo aguantar es el frío. Hace muchísimo más frío que en Corea del Norte. Nunca he sentido una cosa así" dicen los taladores. Los accidentes son frecuentes. Cuando le cae repentinamente un enorme tronco por encima de su cuerpo, su corta vida había llegado a su fin. El cadáver no puede estar al lado de sus familiares porque dicen que hay que ahorrar y llevar el cuerpo hasta Corea del Norte supone un enorme gasto. Mientras tanto, el régimen celebra el ingreso millonario con botellas de coñac francés... Algunos huyeron de aquel campamento. Unos lograron y otros no. Los malogrados fueron apaleados hasta quedarse inválidos  por los jefes ebrios de vodka.

 En la otra gran cárcel norcoreana situada en el óblast de Amur, no está garantizada la entrada. Solamente algunos vendedores ambulantes de nacionalidad rusa habrán podido entrar ahí desconociendo que solamente a sus pocos metros hacia la derecha duermen trabajadores exhaustos pero que en la palma de sus manos estriadas están la foto de su mujer, de su madre, de sus hijos y la carta que le escribieron antes de venir a Rusia.

 Nota: Óblast es la entidad subnacional (región) que se nombra en países como Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Bulgaria. 
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