4 mar. 2012

He perdido a mi familiar


 Las lágrimas no cesan en sus rostros inofensivos y asustadizos. Habían oído historias de aquellos que habían cruzado el río Mekong en la oscuridad con delicada notoriedad y eso les animó a recorrer todo el territorio chino. Sólo les faltaba cruzar el cobrizo río que separa Laos y China. Probablemente no habrán oído noticia alguna sobre el despliegue repentino de la policía china por esas zonas para evitar que algún norcoreano pudiese atravesar el río. La inopia de la lengua mandarín y la prontitud tenaz jugaban en su contra y la presencia de los uniformados del régimen chino habrá asombrado a los recién llegados de forma irritante. 

 Habían oído la presencia de los cazadores buscadores de los desertores norcoreanos que buscan aquella "cuantiosa" recompensa económica que ofrece el régimen chino, así que han decidido cambiar de itinerario. Se llegan noticias de algunos norcoreanos exhaustos desaparecidos cuando cruzaban el río pero que el fallo técnico del barco hizo que sus anhelos de la libertad les dijeron imprevistamente un adiós incómodo. Habían oído tantas veces la frase: "Si cruzas este río, podrás viajar a Corea del Sur que tantas veces deseaste...". Familias que tuvieron que estar separados por un momento con la promesa de que volverían a verse en Tailandia, pero que esa garantía no se cumplió. A veces, la naturaleza le dio la espalda cuando un cocodrilo hambriento atacó la embarcación ilusionada en pisar el barro laosiano. Esperaron a su familiar, pero no lo volvieron a ver. 

 Las muertes producidas en las orillas de este río hacen que las sangres enfurecidas se expandan y que Mekong se ponga cada vez más bermejo. Puede ser que sea una pequeña señal para que sus memorias no se queden en el olvido nebloso. 
Publicar un comentario