27 may. 2011

Escondidos por el día, activos por la noche


 Tumen, el río que divide ambos países y que hace proliferar grandes cantidades de pueblos y pequeñas ciudades, también es zona de actividad de los niños de la flor. Estos niños saben como cruzar la frontera entre  Corea del Norte y China sin que los soldados de ambos países les detecten. Con sus cuerpos debilitados, atraviesan montañas y recorren bosques en busca de comida y compañía. Los familiares de muchos de ellos han muerto de hambre y ellos han aprendido por sí solos como sobrevivir. Conocen los sitios con todo detalle. 

 Por el día, se dedican a pasear por los montes pero de manera silenciosa para que los soldados situados en la frontera no les descubran. Caminan y saltan como conejos, sin dejar huellas. La rapidez y la improvisación son sus principales ventajas para no acabar en el "centro de reeducación". Y por la noche, bajan de los montes como si fueran unas ratas y roban productos de primera necesidad como ropa y comida. Cuando las víctimas se levantan y ven que les han robado gritan con desesperación: ¡Mi comida! ¡Mi ropa! La intervención de la fuerza de seguridad es inmediata pero inútil. Estos robos por parte de estos niños son frecuentes en la zona china. Estos robos son cada vez más frecuentes en la actualidad que hace varios años con el aumento de los niños de la flor. Ambos países están tomando medidas para reducir el índice de robo pero esas estrategias parecen ser insuficientes. 
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