18 may. 2011

Alumnos bien uniformados, profesores encogidos


 Mientras los alumnos vienen con sus arreglados uniformes y con zapatos que asustan con tanto brillo, los profesores sienten una ligera vergüenza viendo sus vestimentas y exclaman: "¿cuanto dinero habrá gastado estos padres por la vestimenta de sus hijos?". Los propios alumnos, al ver a los profesores con sus vestimentas con colores simples, ya no sienten el mismo respeto que tuvieron hace varios años. Ya que la mayoría de los profesores se dedica a hacer actividades laborales extraordinarias como vender productos en el mercado de la ciudad o recibir constantemente la ayuda de los padres de considerable poder adquisitivo, el respeto hacia ellos fue descendiendo de forma ilimitada. 

 El sueldo mensual de los profesores no se está operando de manera puntual. Además los precios de todo tipo de productos han tenido una subida violenta que sus familias corren un serio riesgo de caer en el caos de la pobreza extrema. Algunos profesores, con esta situación, dejan su profesión que soñó desde la infancia y es abocado a dedicar a tener otro empleo como ser vendedor o a salir de Corea del Norte cruzando la frontera. Pero no es fácil dejar la profesión por el seguimiento del régimen y su posterior castigo duramente con enviar a campos de maíz y trabajar ahí durante horas. Es por eso, que mucho no se atreven a dejarlo. 

 La diferencia de las vestimentas también es notable entre los alumnos. Mientras unos pocos presumen de sus limpias camisas y de la corbata roja sin mancha, muchos caminan con la cara mirando el suelo para que nadie les mire de lo arrugado que están sus camisas y para que nadie les vea su corbata y pantalón añil cubierto de manchas y de arena. Esto sucede en todos los rincones del país, desde las ciudades hasta los pueblos más aislados. 
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