25 mar. 2013

¿Una posible futura contienda consentida?


 Durante días anteriores hemos comprobado por los medios de comunicación como la tensión entre Corea del Norte y Corea del Sur se ha intensificado hasta el punto de que la contienda iba a suceder de inmediato rememorando aquellas caóticas imágenes con civiles yaciendo sin fuerza y sin aliento por las calles de la ciudad que aún se sigue recordando los adultos que han vivido en sus propias ánimas. La postura del régimen norcoreano es contundente respecto a su declaración de guerra tratando de aplicar varios objetivos como señales de victoria: convertir en ciudad fantasma la capital surcoreana y plantar la bandera de Corea del Norte en lo más alto del monte Halla (la más alta de Corea del Sur), situado en la isla de Jeju. 

 Sus intimidaciones fueron certificadas por vía digital colgando en el portal de vídeos Youtube reproducciones muy características de la era soviética en los principios de la Guerra Fría. Sus reiterados ataques contra el "imperialismo" estadounidense y a los países aliados se mostraron en diversos planos de los vídeos tratando de garantizar su proclamación de la contienda, cosa que algunos expertos lo han aceptado con escepticismo ya que es la única manera de la élite norcoreana de obtener la atención de la comunidad internacional. Pero estos días en la frontera entre ambas Coreas se oyen de forma lejana disparos, fruto de maniobras militares. 

 El Ministerio de Defensa de Corea del Sur no piensa revocar su decisión. Si ellos lanzan la primera bomba o la primera bala contra los civiles, hará que armisticio se quiebre y dará comienzo a la guerra. La opinión pública de Corea del Sur, reflejada en foros de debate y en comentarios de los principales periódicos digitales, da en su aplastante mayoría el visto bueno a la resolución del Ministerio. Creen que sería la única forma de acabar con el régimen norcoreano y así, contemplar la ansiada reunificación. Aunque hayan víctimas mortales por el camino. Siempre me he opuesto a cualquier tipo de guerras pero formando parte de esta discusión uno se pregunta si realmente tiene que formar parte del consentimiento popular al no haber otra alternativa de derribar un régimen que cometió innumerables violaciones de derechos humanos a lo largo de las décadas. Mientras tanto, entre la población norcoreana, se pregunta si esta contienda será la liberación de millones de personas que agonizan por la pobreza extrema u otro capítulo más de angustia. 
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