6 dic. 2012

Inficionado y desaparecido


 El pastor evangélico Kim (trajeado de negro en la imagen superior) empezó su labor de ayudar a los desertores norcoreanos en China desde 2003. Se estableció en Dandung para acoger a los desorientados que acababan de pisar un territorio forastero. Tras un tiempo residiendo a escondidas, dijeron al pastor el deseo de viajar a Corea del Sur. Decenas de personas lo consiguieron, gracias a la estrategia del misionero pero sus logros también hicieron agrandar los rumores noticieros no beneficiarios por el bando norcoreano. "Existe una persona que está llevando a los traidores de la nación a Corea del Sur", "Quiero que vigiles a ese tal Kim". Sus movimientos cotidianos fueron de milimétricamente controlados por los funcionarios enviados por el régimen.

 Durante el mes de agosto del año pasado, el pastor estaba esperando un taxi hasta que se cayó al suelo y murió por un infarto de manera inmediata. En la primera autopsia que se realizó, no se encontró ningún tipo de elementos químicos y el caso se zanjó como fallo cardíaco repentino. La familia se sintió impotente ante los resultados cuando creyeron que se trataba de un asesinato encubierto por el régimen. Con el dolor revivido incineró su cuerpo diez días después. Cuatro meses después de lo sucedido, desde Corea del Sur, se analizaron la sangre manchada en el guante de Kim y el resultado ha sido completamente contradictorio al anterior: se encontró una sustancia química llamada bromuro de neostigmina, que su uso excesivo puede hacer paralizar al cuerpo humano (diez miligramos). Además se encontraron evidencias claras de que los funcionarios de Corea del Norte solían utilizar esta composición.

 Se ha ejecutado el orden de busca y captura al responsable que propició dicha sustancia y que ocasionó la muerte al pastor Kim en Corea del Sur y en China. Mientras tanto, su mujer ha mostrado satisfecha por los frutos de la segunda investigación aunque apenada por no haber estado a su lado aquel día que falleció. "Le dije en principio que salvar a los norcoreanos era una tarea muy peligrosa y entonces me dijo quien lo haría y que tenía que hacer él". "Quería construir una iglesia y un centro de investigación para que la gente pudiera entender a los desertores de Corea del Norte...esperaba colaborar con él muchos más años, pero él se ha ido para siempre. Espero que Dios le proteja en el cielo todo el tiempo posible porque aquí ya no podrá volver...". 
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