17 may. 2012

Doctor, tengo pinchazos en el alma


 La señora Soon teme la palabra desempleo. "No digas esa palabra. No lo quiero oír jamás. Usted no sabe como he sufrido con eso. Es realmente desagradable y doloroso. Me gustaría no volver a recordar esa palabra, por favor". El esfuerzo de cada norcoreano para la adaptación suya en la sociedad surcoreana hace elegir dos caminos: el del callejón de flores empapadas de éxito y sonrisas interminables o el de la intranquilidad constante que da pinchazos en su alma. Durante los primeros cuatro años residiendo en Corea del Sur, la señora Soon no supo como orientar su vida en el nuevo mundo. Se enteró tardíamente que la "autoinstrucción" se tenía que encarrillar por ella misma porque sino podía terminar en el camino de la penuria.

 Empezó a reorganizarse y tuvo que estar de forma interminable en cualquier tipo de pequeños trabajos. No descansaba y su cuerpo se lamentaba de su uso excesivo. Percataban unos pinchazos. Primero fue en los músculos. Soon vociferaba: "Ay, Ay, Ay...". Y luego en su alma. Notaba como el estrés la dominaba y no la dejaba dormir. Pero ella se decía: "Me recuperaré. Esto es algo pasajero". Años más tarde, consiguió un oficio estable y una cierta tranquilidad en su vida. El proceso de adaptación a una sociedad exorbitantemente competitiva culminó en pequeña gloria y ahora sonríe mucho más. "Esto es una prueba que nos hace la sociedad. Al principio, te machacan hasta que si superas todas esas barreras te dejan en paz y empiezan a verte con otros ojos. Estoy satisfecha de mi trabajo. Pero aún tengo muchas cosas que hacer y seguiré luchando todos los días". 


 Los expertos en la materia sugieren que, además del esfuerzo individual, se tiene que estrechar refuerzos para que puedan informarse mejor en ámbitos administrativos o laborales y que puedan integrarse lo más rápido posible en la sociedad. Nuestra atención diminuta sería la clave para descender el nivel de estrés entre los norcoreanos residentes y eso hará que mejoren la salud. Estos días en Corea del Sur están llegando buenas noticias: se ha incrementando notablemente el número de voluntarios que quieren ayudar a los recién llegados. Se agradece el gran impulso de las asociaciones y organizaciones que consiguen quitar poco a poco los pinchazos recónditos.  
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