14 feb. 2011

Las señoras de la basura


 En los pequeños rincones de las ciudades, unas señoras de rostros extenuados buscan desesperadamente un trozo de pan, un trozo de vaso de cristal roto, unos cuadernos empapados por la lluvia tardía de ayer, un sucio bol de cerámica o unos zapatos de piel totalmente deteriorado. Cualquier objeto vale a las señoras de la basura para venderlo a escondidas o intercambiarlas entre ellas o simplemente cualquier comida caída en el suelo mezclado de arena vale para ingerirlo más tarde. 

 Estas señoras, cuyas edades rondan entre los 40 a 60 años, se levantan temprano y empiezan a rastrear todos los rincones de las calles, sean principales o secundarias. Algunas, con suerte, obtienen algunas monedas pero no es suficiente para comprar medio kilo de maíz. Con esas monedas sólo consiguen comer un plato de fideo caliente en un restaurante callejero. Otras, la gran mayoría, no suelen conseguir nada a cambio. Sus recogidas no tienen ningún valor en el mercado local ya que todo lo recogido está desbaratado. El aprecio a las cosas nuevas y bien agraciados es lo más demandado entre la gente. 

 Por ingerir estas basuras, son muchos quienes contraen una enfermedad estomacal. Sus estómagos están completamente revueltos y dañados hasta que algunas quedan inválidas o quedan al borde de la muerte. Pero su pausa significaría la ruina y las señoras siguen cada día con su labor. Recogen cada día cosas que les parecen provechosos. Muchos son quienes desprecian a estas señoras y las llaman inútiles. Estas señoras, entonces, gritan:
 - ¿Tu te crees que estoy haciendo esto porque me gusta? ¡Estoy haciendo esto para que mi otro hijo no siga el mismo camino que el de primero, que seguramente estará en un lugar mucho más hermoso que esto!
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