22 abr. 2013

La detención de los malvados, pero malas noticias para ellas


 Las obligaban a estar en frente de un ordenador e iniciar el chat en salas de contactos esporádicos con el fin de imponer a contraer matrimonio con desconocidos, en su mayoría, hombres que residían en zonas rurales en el área fronteriza del territorio chino. Aquellos intermediarios y traficantes ocultos de mujeres norcoreanas fueron detenidos por la policía china tras un largo seguimiento. Entre ellos también se encontraba un hombre de nacionalidad norcoreana y doce mujeres, víctimas de la impiedad de estos individuos. Este pequeño grupo de delincuentes empezaba a operar desde el abril de año pasado y consiguió engañar a decenas de mujeres que estaban esperanzadas con salir de la pobreza extrema. Por cada mujer, ellos recibían cinco mil yuanes y diez mil yuanes adicionales si conseguía casarla con algún ciudadano chino. 

 Según el testimonio de una de las víctimas del tráfico de las mujeres norcoreanas, ella se casó por obligación con un chino pero fue otra vez vendida por otro hombre y la dejó embarazada. Ahora ella tiene miedo de su vuelta a Corea del Norte. Cree que si vuelve a su país natal, las fuerzas de seguridad de Corea del Norte sabrán su historial de escape e inmediatamente la llevarán a un campo de concentración. Teme por la vida de su hijo que aún sigue en su vientre. Oyó que algunas mujeres con el embarazo habían sufrido torturas inhumanas por los soldados y que tuvieron que perder a sus descendientes una vez salidos al mundo. Además, al no haber condiciones sanitarias adecuadas, ellas tenían el grave riesgo de ponerse débiles bajo la pasiva y forzosa mirada de los doctores en aquellos campos. 

 Las doce mujeres ya pisaron su territorio natal. El periódico local de Heilongjang sólo había informado la deportación de aquellas féminas y la detención de los malvados pero no del más allá de la proscripción de las mujeres. La frase "Si usted trabaja en China, podrá ganar mucho dinero" ha hecho que miles de personas se marcharan de sus hogares sin acarrear sus consecuencias más directas. Una vez dentro, es prácticamente imposible saber noticia alguna de ellas. La libertad y la riqueza personal que tanto deseaban les habían dado la espalda por culpa de unos indignos que no necesitarán la compasión nuestra. 
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