11 jul. 2012

No lo tire por favor, déme eso a mí


 Era la primera vez que el niño Min-ho veía un billete chino. Un billete de un yuan con la fotografía de un Mao Zedong formal. Después de darle las gracias a una forastera, se fue inmediatamente a comprar un poquito de maíz para hacer un caldo a su madre, enferma de neumonía. Con lo que sobró del caldo, amasó hasta que se hizo pastoso, lo masticó y se lo tragó para no sentir el hambre. La debilidad era inevitable pero Min-ho no quería caer en la trampa del sueño. Una vez alguien le dijo: "Si tienes hambre y tienes sueño, jamás podrás despertar. Puedes enfermarte y hacerte daño. Así que intenta estar lo más despierto posible". Pensaba: "No tengo que dormir. Aún es de día. No tengo que dormir". 


 Ayer durmió con sus amigos "niños de la flor" en las escaleras de un apartamento. Eran estrechas y un pequeño movimiento le hacía chocar contra la pared. Al menos, aquel sitio era el refugio perfecto para estar durante el invierno. "Ahí no hay calefacción, pero hace mucho menos frío que en el exterior". "A veces se tiran grandes cantidades de comida en aquel edificio. Huesos con buen olor y cosas que aún se pueden comer". Si la señora quiere tirar, me arrodillo ante ella y digo que no lo tire, que me lo dé para compartir con los amigos. Dice que sólo en sueños come como un rey. "Durante dos noches seguidas. El mundo de los sueños es un mundo distinto...feliz". 


 Es de noche y Min-ho está preparado para otra aventura en su mundo de los sueños. Comida, mucha comida. Y mañana espera que algún forastero dé otro yuan para comprar algo de maíz y visitar a su madre para acariciar así su blanquecino rostro. 
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