20 abr. 2012

Buenas noticias que llegan con sorpresa


 Es cosa del destino que un acontecimiento tan abyecto como el lanzamiento de misil norcoreano haga florecer las buenas noticias como suspender las expulsiones de refugiados norcoreanos por parte del régimen chino. Después de tantísimo tiempo. La omisión de comunicación de los planes del lanzamiento a China fue el principio de la fricción entre ambos países y el egocentrismo presentado por el régimen norcoreano hizo inquietar a la élite china y cuando se lanzó el misil, China como motivo de "revancha", tomó una medida que era el deseo de miles de personas que luchaban para que ningún norcoreano pueda ser repatriada a su país.

 Esta decisión da, en cierto modo, un sabor agridulce para las organizaciones de derechos humanos y políticos implicados en esta lucha. Los clamores recientes que incluían personas conocidas en el ámbito cultural y político surcoreano bajo el lema #Savemyfriend eran desoídas por el régimen chino argumentando con el pretexto de: "Estamos aplicando de acuerdo a nuestra propia ley y la legislación obliga repatriar a personas que asientan en China de forma ilegal". Aunque detrás de la cortina, la hermandad política e ideológica de ambos países hizo dificultar la lucha incansable de personas anónimas que se manifestaban en las embajadas chinas de distintos países y, a través de las redes sociales.

 Pero esto no significa que el trabajo de los anónimos se haya ido en vano. Sus súplicas hicieron que el presidente surcoreano Lee Myung Bak hablara con el homólogo chino Hu Jintao sobre este asunto que por su parte, manifestó el entendimiento de la situación y que estudiaría la interrupción de las deportaciones masivas. Los que lucharon cada día para que esta noticia llegue, hoy, están de enhorabuena. A los dirigentes del régimen norcoreano se les hervirá la sangre. Esto puede ser el principio de la consecución de buenas noticias. Hoy, los refugiados norcoreanos lloran por la decisión de China, pero esta vez, de júbilo.

 Nota: Esto es la declaración de un responsable de la provincia de Liaoning (China), zona fronteriza con Corea del Norte: "Cuando un refugiado es enviado de vuelta a su país, es el final de su vida. No podemos ignorarlo". 
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