8 feb. 2012

Volver al infierno y desaparecer


 Ocurrió hace un año y medio. Lograron huir del país después de un largo recorrido por el territorio chino y gracias a personas anónimas consiguieron pisar el suelo de la libertad. Fueron reconocidas como refugiadas norcoreanas y en poco tiempo, les concedieron la nacionalidad surcoreana. Sus experiencias quizá las hicieron volver otra vez al territorio chino e intentar ayudar a otros desertores norcoreanos en la llamada "frontera del infierno". Habrán proporcionado vestimentas y comidas a los desorientados recién llegados y el semejante acento habrá dado a los fugitivos un esparcimiento y habrán sonreído. Aquel día ha sido un día perfecto. Nada trágico ha ocurrido. No les han visto los militares de ambos países.

 Días después, sus acciones benévolas consecutivas hacían sospechar a los guardas del régimen. En un momento preciso, las detienen y son directamente llevadas a las cárceles de On-seong. Habrán sido humilladas por los militares con atributos como "traidoras", "hijas del imperialistas", "mal agradecidas", "putas". Habrán sido torturadas violentamente y luego fusiladas delante de una pequeña parte de la población temerosa del régimen. La muerte de estas tres valientes y luchadoras no ha sido reconocida e investigada. Nadie sabe cuando murieron. Nadie sabe la identidad de estas tres mujeres. Nadie sabe donde están sus cuerpos. Sólo las nubes blancas que deambulaban aquel último día de sus vidas habrían visto ese acto de necedad. 
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