27 feb. 2012

La orden de aniquilación y promoción de su fuerza militar


 La orden de Kim Jong Eun ha sido irrebatible. Cualquiera persona que se atreva a escapar del país, en caso de ser devuelto por la detención de las autoridades chinas, será aniquilada sin clemencia. No sólo él. También toda su familia. La primera promesa que decidió cumplir incluso antes de la muerte de su padre fue exterminar a todos aquellos que traicionen la patria y que coja su destino a Corea del Sur, donde según ellos, es el país "esclavo" del imperialismo. Si uno va a China en busca de sustento básico, es inmediatamente detenido y torturado pero luego liberado varios días después con el cuerpo lleno de lesiones. Pero en caso de ser detectado estableciendo contacto con un surcoreano o con un extranjero, o en caso de ser visto entrando en una iglesia puede hacer empeorar la situación y ser condenado a muerte en caso de ser detenido y deportado a Corea del Norte. Hasta ahora, su intrepidez ha sido firme y no se observa ningún cambio de su decisión. 

 En la otra parte de la realidad norcoreana, durante el día 15 de abril de este año (centenario del nacimiento de Kim Il Sung), se espera un espectacular desfile militar anual rememorando al padre de la ideología Juche con miles de soldados circulando en posiciones perfectas y lanzando misiles que alcanzan los cien kilómetros de distancia. Su declaración sobre pronta guerra entre ambas Coreas puede quedarse en habladurías amenazantes corrientes o tal vez, pueda ser una realidad que en caso de que sucediera se representaría a los habitantes de Seúl refugiándose en las múltiples estaciones de metro y que los militares estarían preparando una nueva etapa de guerra de ideologías principales que dominó durante la segunda mitad del siglo pasado y que pareció terminar en 1989 con la caída de Muro de Berlín. 

 Nota: Mientras las declaraciones de guerra entre ambas siguen rusientes, el movimiento #Savemyfriend está siendo olvidado después de pocos días de la llamada. 
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