22 dic. 2013

La supervivencia asegurada


 Cuando la hambruna azotó todo el territorio norcoreano, las familias necesitaban escapar de la muerte que cada vez se acercaba más hacia ellos. El reparto de alimentos no se distribuyó de un día para otro y los habitantes tenían que aprender de forma autodidacta el funcionamiento básico del mercado. Comenzaron a vender en una esquina, frutos apresurados de sus habilidades como tortillas de maíz o caldos hechos con arroz y plantas medicinales. Algunos incluso sacaron cosas de su casa y empezaron a comercializarlas sin poder definir adecuadamente un precio a cada uno de ello. 

 Los militares tampoco reaccionaron ante la expansión de estos mercadillos. Algunos incluso colaboraron para intentar ganar la confianza de las señoras para tener al final de día una sopa caliente. Un suceso significativo en Corea del Norte ocurrió que incluso el régimen tuvo que dar el visto bueno a esta actividad para evitar una catástrofe humanitaria en el país. Pero por consiguiente, llegaron la pelea entre los comerciantes novatos para ocupar los mejores sitios del mercado y los sobornos para los que se ocupaban de la vigilancia. 

 El mercado sigue siendo muy activo en Corea del Norte. Es posible encontrar cualquier tipo de productos. Aunque hay límites. Está totalmente prohibido vender cosas hecho en Corea del Sur y Estados Unidos. Eso supondría la detención inmediata y encarcelación en los campos de concentración. Solamente cosas importadas de China. Aunque la particular "apertura" del mercado cambió a partir de los años noventa el estilo de vida entre los ciudadanos norcoreanos ligeramente, eso no significó la disminución de la hambruna. El reparto diario de arroz descendió hasta unos 250 gramos por persona durante la era de Kim Jong-Il. Y vio como un segundo capítulo de la hambruna empezaba a asomar en la siguiente década. 
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