9 dic. 2013

Son vigilados


 A pesar de que hayan llegado salvos a Corea del Sur, para ellos el primer obstáculo que tienen que superar es la adaptación en una sociedad totalmente distinta a la suya. Pero, de repente, tienen que afrontar una clarividencia extraña. Han oído que a los refugiados norcoreanos les vigilan detrás de la frontera, los férreos del régimen. No saben como pero parece que lo sienten. Las organizaciones que ayudan a los que vienen de Corea del Norte atravesando China, percatan de las amenazas consistentes de la élite política utilizando a los familiares de los refugiados que siguen residiendo en el país. Entonces, los que llegan no les queda otra opción de utilizar nombres ficticios para proteger, de lejos, a su familia o esperar que llegue lo más rápido posible la reunificación. 

 Para algunos, en casos extremos, la presión les puede y acaban volviendo clandestinamente a Corea del Norte para estar junto a la familia. Por ejemplo, hubo el caso de un hombre de unos cincuenta años, enfermo terminal de cáncer, que pensó en volver al territorio de Kim Jong-Eun para cumplir la última promesa de ver a sus hermanos y padres antes de morir ya que era pesimista en el tema de la reunificación acelerada. Sin saber el trato posterior que probablemente recibirá por el régimen norcoreano. De forma unánime, cuenta que su encarcelación en los campos de concentración, desgraciadamente, está garantizada y que eso agravaría su condición física. 
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