24 oct. 2012

Veo mis huesos


 Baek mide 155 centímetros. Su peso antes de entrar al ejército, 42 kilogramos. La experiencia militar era obligación para los hombres pero al convertido soldado Baek era preocupante ver como su peso disminuía. No se sentía bien. Sus cabellos se transformaba de negro a un color amarillento y la masa de su músculo de sus brazos estaba desapareciendo hasta poder ver sus propios huesos. Esperaba los repartos pero la cantidad de arroz que le daba no era suficiente que ha cogido de forma automática aquella tendencia de robar a los habitantes de los pueblos cercanos. "Creo que al menos soy un afortunado. Porque yo sobreviví. Había gente que físicamente era mucho más pequeño que yo y que no podía aguantar el hambre y el frío y caían sin poder levantarse otra vez". 

 "Me sentí muy miserable cuando tuve que utilizar las armas para sacar algo de comida a las personas. ¿Que estoy haciendo? Me pregunté. Pero aquel entonces, yo no estaba consciente de mis actos. Traté de vender todo lo que podía para subsistir diariamente pero el hambre no se me iba de mi estómago". En dos años, vio como su peso disminuía hasta 31 kilogramos. Baek no podía caminar con sus propias fuerzas pero tenía que vigilar a otras personas que escapaban por estar en la misma situación. Entre los soldados se dicen: "Zonas donde no hay militares y soldados son los mejores sitios para vivir". 

 La ex-soldado Choi decía que el abuso sexual a las mujeres era muy frecuente en el mundo militar. Algunas se quedaban embarazadas y para disimular la tripa se tenía que utilizar el vendaje y seguir trabajando con normalidad. El problema del hambre se ha extendido de forma alarmante que se ha tenido que bajar otra vez la estatura mínima para estar en la estancia militar obligatoria. De 140 centímetros a 137 centímetros. Pero finalmente, los soldados Baek y Choi pudieron salir de Corea del Norte y residen actualmente en Corea del Sur. 
Publicar un comentario