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8 feb 2013

Historias (Parte 5: Ser el mudo y su hijo afásico)


 Él, un hombre de unos 50 años, piensa que el régimen que dirige su país debe ser desplomado. Lo repite miles de veces a él mismo. "Al menos, se puede pensar lo que uno quiere pero nunca se puede expresarla. Supondría la desaparición de mi propia existencia". A él le gustaría circular por otras zonas de Corea del Norte y conocer la opinión sincera de las personas insatisfechas con la gestión del régimen. Y salir al extranjero a saber que dicen las personas de otros países sobre ellos. "Tengo inmensas ganas de gritar y decir lo que yo pienso. Mi cerebro lo ordena constantemente...esto es una tortura...". 

 Él se encarga de cuidar a la familia. Su esposa sigue enferma, desde hace meses, de la neumonía. Y su pequeño hijo es afásico desde su nacimiento. Aunque fue difícil tener una comunicación con su descendiente, con el tiempo, a través de los gestos ha podido entender todos sus sentimientos. Su entorno está totalmente desierto. Algunos de sus vecinos se habían marchado a China y los demás, a otras ciudades más grandes en busca de una mejoría laboral. A él no le queda nada más que refugiar en sus cigarrillos y dar asistencia diaria a su cónyuge esperando aquel día que vomitará todas las palabras que lo lleva encogido en su interior. 

18 oct 2011

No expreses lo que piensas


 Dicen que los niños y los ebrios son los únicos que saben decir la verdad. Aquellas personas, frustrados de todo lo que les rodea alrededor de sus vidas, se refugian en el alcohol para desahogar y decir a sus compañeros de mesa todo lo que sienten desde lo más profundo de sus almas. En Corea del Norte, al no existir la libertad de expresión, criticar algo tan cotidiano como el funcionamiento del reparto de alimentos puede tener consecuencias que puede cambiar la vida de una persona radicalmente. Aunque son muchos quienes quejan de la mala gestión del régimen, nadie puede hablar de esto en todas las zonas excepto en sus hogares delante de gente de confianza. Hacerse el mudo es, quizás, la mejor opción.

 Un hombre, hundido por la muerte de su esposa, bebió unas cuantas copas dijo a su amigo que mal estaba organizado todo en este país y que lo única que quería es que su esposa no muriera por desnutrición. Inmediatamente unos hombres le llevaron a un no se donde y en pocos días, fue acusado como traidor de la patria. Fue humillado y maltratado físicamente por los militares y finalmente, fue enviado al campo de concentración. Desde entonces, nadie supo de la existencia del hombre y su familia está en el punto de mira de manera constante por las autoridades. Al no estar permitido las visitas, muchos añoran su presencia. Muchos dicen adiós aunque no lo quieran. Una expresión de sinceridad está acabando con las familias que alguna vez fueron bienaventurados.

 Nota: Las expresiones más utilizadas por los quejicosos del régimen son: "estos cerdos asquerosos están hundiendo el país", "cerdos crueles" o "en nuestro país, existen tres cerdos que no hace nada por solucionar los problemas".