27 ago. 2011

Envenenados por el cobre


 Señores con edades entre sesenta y setenta años trabajan enfrente de varias plantas de manufactura de cobre de la ciudad de Haeju. El cobre, un metal muy utilizado en Corea del Norte, da empleo a numerosas personas sin distinguir la edad o el género. Son muchos que cuando terminan sus estudios básicos, desean trabajar en esas plantas que están distribuidos casi por todas las zonas del país ya que el régimen inculcó la importancia del cobre a la población norcoreana para la "industrialización pronta y revolucionaria". Algunos llevan todas sus vidas trabajando en las plantas mientras otros son principiantes ya que sus antiguos trabajos no han podido dar suficientes beneficios para alimentar a sus familias. Hay casos de personas que con la edad bastante avanzada empiezan a trabajar en este sector. 

 Estos señores de avanzada edad absorben inmensas cantidades de cobre por diversas formas: a través de la respiración cuando el cobre se funde en el horno de la planta, bebiéndolo (mezclando accidentalmente con el agua potable) o tocándolo en cada momento al carecer de protección adecuada para estos tipos de metales. No disponen de guantes, mascarillas, gafas o vestimenta adecuada para hacer frente al cobre que su grado de toxicidad es excelso. La esperanza de vida de estos trabajadores es corta ya que presentan casos de molestias e irritación en zonas vitales del cuerpo como el hígado, el riñón, el estómago y en los intestinos. Cada semana, decenas de cuerpos sin aliento son llevados a un sitio desconocido y enterrado. La mayoría de estos cuerpos suelen ser de niños que siguen a sus padres a ayudar o de ancianos que no tienen otra mínima posibilidad de buscar empleo más allá de las plantas. 

 En los hospitales cercanos de las plantas están llenos de pacientes con molestias en el cuerpo debido a la intoxicación del cobre. Pero las infraestructuras en los hospitales son tan escasas que los médicos y las enfermeras no pueden hacer nada más que enviarles a casa. Además, las plantas no tienen ninguna medida de solvencia médica adecuada con estos casos. Esto significa que cada uno tiene que arreglar sus enfermedades por ellos mismos. Con la inmensa frustración, muchos pacientes, con el dolor intenso, suelen refugiar en el alcohol. Muchos trabajadores, pálidos, se quedan en sus hogares bajo la compañía de sus familiares y agarran cada vez que pueden con garra sus estómagos a ver si los dolores disminuyen. 
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