18 feb. 2016

¿Qué será de ellos?


 Durante estas semanas solamente hemos visto la noticia del lanzamiento del satélite y su posterior celebración por parte del régimen para celebrar el éxito del evento, algo que la comunidad internacional ha reprochado con dureza y de manera casi unánime. La tensión, por enésima vez y cada vez que Corea del Norte realiza actividades de este tipo, crece de una forma vertiginosa que conlleva a decisiones que podría considerarse como precipitadas. Y esta vez ha sido el parón operativo del Complejo Industrial de Kaesong que está situado en la frontera entre las dos Coreas y que da acceso a la colaboración entre los empresarios de las pymes surcoreanas y los trabajadores norcoreanos.

 Esta decisión tiene dividida en dos, proporcionalmente hablando, a la opinión pública de Corea del Sur. No hay demasiada diferencia. Los que ven con buenos ojos esta decisión creen que esto hará que el régimen norcoreano se quede cabizbajo por sus acciones equivocadas. Mientras que los que critican esta decisión creen que los daños económicos superarán miles de millones de dólares afectando la poca "amistad" que hubo entre las dos Coreas y el anhelo de las empresas que buscan hacerse un hueco en ese complejo industrial. Pero estos antecedentes han sido demasiado repetitivos cada vez que la relación de estos dos países estaba en su peor momento. Por ejemplo, en 2009, el régimen norcoreano intentó bloquear hasta tres veces el acceso a los camiones que iban a entrar en Kaesong. Y por último, lo que pasó en abril de 2013 (quizá la más grave) cuando se cerró por completo. Hasta que en septiembre del mismo año se abrió otra vez.

 Pero aquí nadie pregunta sobre los trabajadores norcoreanos que están en ese complejo industrial. De aquellos hombres y mujeres que permanecen en silencio. En Corea del Norte, estar en aquel sitio es considerado como el mejor trabajo que puede tener un ciudadano y las solicitudes no paran de llegar a las instituciones correspondientes soñando que algún día podrán estar ahí. Pero a raíz del rifirrafe existente, la inseguridad se acecha sobre los más indefensos. En 2013, casi cincuenta mil trabajadores de origen norcoreano perdieron sus trabajos y enviados a sus ciudades de origen. Al carecer de datos concluyentes, no sabemos si en septiembre habían vuelto a Kaesong para laborarse o que esa oportunidad han sido cogido por otros. Ellos viven con la incertidumbre. Pero no pueden protestar porque eso es una actividad casi prohibida en Corea del Norte así que la obediencia bajo vigilancia es la mejor forma de la supervivencia. 
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