10 may. 2013

Las toneladas obligadas


 La orden estaba dada en todo el territorio norcoreano dirigido a los habitantes. Hasta el día 16 de febrero, en el nacimiento de Kim Jong-Il, se tenía que recaudar cien mil toneladas de alimentos de forma obligatoria para cubrir la manutención a los millones de soldados existentes en el país. Todos, absolutamente todos, tenían que entregar todos los comestibles que les pertenecían y que le habían costado días de trabajo para ganarla a unos desconocidos que les llamaban en calidad de recaudadores oficiales. Los residentes aún preguntan si esta forma de recogida de alimentos es realmente viable cuando los datos estadísticos elaborados por distintas organizaciones internacionales mostraban el aumento de la crisis alimentaria en Corea del Norte.

 Pero la expectativa del régimen no había alcanzado lo suficiente como para darle una satisfacción al líder norcoreano. En la provincia de Hamkyung-Sur, se recaudó solamente 550 toneladas restando la posibilidad de lograr el objetivo. Los analistas habían dicho que con la insistente recaudación todos los años no llegaba ni la décima parte de lo hablado. Además, en distintas zonas del país hubo altercados entre los guardias que incautaban y personas que se negaban a entregar sus pertenencias. Aquellos anónimos luchaban por mantenerse vivos y para no ver a sus descendientes frágiles. No podían imaginar que la hambruna podría estar tocando la puerta de sus casas. Pero sus combates solitarios no fue útil contra aquellos que también podían caer en el pozo de la desesperación si no se recaudaba lo suficiente.

 Difícilmente se recaudó hace años unas diez mil toneladas de maíz, arroz, trigo, frutas o verduras. Los habitantes temen que aquella baja expectativa generada se tome como una falsa desobediencia hacia ellos. Y esperan lo peor de los casos. Un saqueo obligatorio en nombre del régimen por unos violentos o esperar otra forma de recaudación que no sea alimentos. Todo esto podría conducir a la población a la alucinación colectiva. Pero tienen miedo a que les rechacen de aquella sociedad por reivindicar unos derechos básicos de supervivencia. Ellos siguen buscando el momento adecuado.
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