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26 nov 2022

La verdad sobre los trabajadores norcoreanos en el Mundial del fútbol Qatar 2022

 

Durante estos años se supo, por los medios de comunicación, la condición de los trabajadores extranjeros en Qatar por el motivo de la celebración del Mundial de fútbol. En esta historia, las historias anónimos de los hombres norcoreanos también forman parte de la práctica de la infamia por parte del gobierno qatarí, la FIFA y el régimen norcoreano. 

Enlace: La verdad sobre los trabajadores norcoreanos en el Mundial del fútbol Qatar 2022 

18 mar 2013

Historias (Parte 24: Sin nada)


 En la zona donde vivía ella, la ciudad de Sariwon (situado en la provincia norte de Hwang-he), las inundaciones estivales eran constantes. Las aguas violentas penetraban insensiblemente en todos los rincones de la ciudad. Casi todas las fábricas se tenían que cerrar de forma obligada por falta de mantenimiento e incluso a los pequeños se les restringían asistir a las escuelas durante semanas por dicho escenario. "Los docentes de la escuela piden a sus propios alumnos que si podrían traer madera, gasolina, ladrillos o cemento para reparar la parte dañada de las escuelas...el régimen no mira estas cosas. Creen que son de menor importancia. Pero lo doloroso es que los directores castigan puntualmente como quitarles la mochila o prohibirles la entrada al colegio a los alumnos que no aportan suficiente material para la reconstrucción. Esto es increíble".  

Una de las imágenes del efecto de la inundación en Corea del Norte emitida por la televisión oficial. Los daños se pueden calcular en miles de millones de dólares.

 Ella nos cuenta una parte pesarosa de su vida. Su yerno había sido detenido por las fuerzas de la seguridad al intentar robar una gallina por no poder aguantar más el hambre. Fue inmediatamente encarcelado en una prisión cercana y agonizó ahí. Jamás pudo verle. La sombra de su arresto afectó a toda la familia que vivió durante una temporada, vigilada. Ella intentaba conseguir un trabajo para sostener a sus hijos pero la noticia del encarcelamiento se expandió como la pólvora que nadie la quería contratarla. Al no poder aguantar la presión del maltrato social que padecía, se escapó con toda su familia a China y actualmente sigue esperando una oportunidad para estar en un país tercero en un breve tiempo. 

13 mar 2013

Historias (Parte 23: En el mercado)


 "El se marchó al otro lado del mundo hace ya tres años por una enfermedad y tuve que estar a cargo de la familia vendiendo pocas cantidades de panes o cigarrillos en el mercado local (zona de Kyong-seong, situado en la provincia Hamkyung-Norte)". Pero su plaza de la lonja se veía amonestada constantemente por unos guardianes jóvenes que quitaban sus pertenencias sin explicación alguna. Ella no podía protestar. Iba en contra de la ley y sería acusada por "desobediencia civil". Suplicaba que devolviera al menos la mitad de lo extraído pero su imploración molestaba aún más a los malhechores y era expulsada del recinto. Dicha escena se repetía cada día. 

 Ella vio como su deuda se acumulaba al no haber beneficio por culpa de aquellos maleantes. "Paso los días con las lágrimas en los rostros. Pero esto solo pasa con las mujeres que tenemos una cierta edad. Las jóvenes regalan o invitan unos cigarrillos o un vaso de alcohol a esos guardianes y así, consiguen mantener sus puestos. ¡Menuda injusticia! He tratado de denunciar esta situación pero tengo miedo de la represalias de esos sinvergüenzas. Tengo a una familia que alimentar pero es imposible ganar el pan de cada día. Esto no pasa solo a mí. Sino a todas las mujeres y hombres mayores que intentamos sobrevivir como sea. Esto es un eterno calvario. Solo quiero que haya una solución lo antes posible..."

12 mar 2013

Historias (Parte 22: Sin avidez)


 Después de recibir la noticia de que su madre había fallecido en el vagón del tren por extenuación, su mundo se había venido abajo. A los pocos meses de su muerte, su hermano y su padre también fallecieron de neumonía. "De repente, tres personas que más he querido en mi vida se fueron para siempre. Estuve exhausto físicamente y mentalmente con la pérdida de parte de mi familia. Al menos, aún tengo a mi lado a mi esposa y a mi hijo de siete años". Desde hace tiempo no encuentra un trabajo y por las calles de Chongjin, según él, es frecuente haber peleas callejeras, sean niños o adultos, por un kilo de arroz. "Si la situación llega al límite yo también derramaría "algo" de sangre para tener en mis manos un poco de arroz". 

 Como muchos residentes en la ciudad, él se baraja ir definitivamente a China en busca de una mejor oportunidad. Al escuchar las historias de algunos que fueron devueltos y encarcelados por su intento de escape, el pánico primerizo le debilita físicamente pero cree que no hay más tiempo para asustar, especialmente cuando ve a su pequeño hijo que hace tiempo no va a la escuela por no poder tener un cuaderno en sus brazos. "Sé que China es otro mundo pero quiero dar una educación adecuada a mi hijo. Sé que es un idioma totalmente diferente al coreano y que dará algún problema en el principio pero mi esposa y yo haremos cualquier sacrificio posible para dar lo mejor a mi pequeño". 

8 mar 2013

Historias (Parte 20: Su relato particular)


 A ella le salen las lágrimas cada vez que habla de sus padres. Habían fallecido después de una larga lucha contra la inanición y de las enfermedades invernales como la neumonía o la gripe. Sus hermanos se habían conmocionado tanto con sus muertes que fueron por la ciudad en busca de alimentos. Uno de sus hermanos consiguió ganar cinco wons por unas horas de trabajo en el mercado pero fue envuelto enseguida en una pelea contra unos niños que le habían robado dicho billete. Su cara estaba manchado lleno de sangre y sus ojos estaban pomposos y morados. Lo único que podía hacer ella era abrazarle y llorar sin que su hermano se diera cuenta. 

 Estaba convencido de que los brotes comestibles se podían encontrar fácilmente entre los montes y que con eso se podía aguantar durante el resto de la temporada. Todos habían prometido, después de lo ocurrido, a no pedir comida a los desconocidos por las calles de ciudad. Pero la situación no mejoraba y como último recurso decidió marchar a China con sus hermanos. "Al menos ahí está mi tía que hace años consiguió establecerse ahí. Mis hermanos aún son fuertes y jóvenes. Podrán conseguir trabajo de lo que sea".  

6 mar 2013

Historias (Parte 19: Los niños de la flor)


 "Por favor, mamá. No te quites la vida. Suicidar es de cobardes. No me dejas sola en este mundo". Aquella frase la reflexionó de desaparecerse por el precipicio sin vuelta atrás. Vio como su esposo, sus dos hijos y sus padres habían fallecido del hambre. Se vino a China sin poder reflejar su culpabilidad por haber dejado a sus familiares cercanos que habían padecido una enfermedad relacionada con la malnutrición y su síntomas más grave era tener su cuerpo paralizado al no tener una movilidad adecuada de sus músculos. "Gracias a mi hija, puedo seguir ilusionando con algo en la vida. Parecía que los sueños eran unas cosas ajenas a mí pero ella me hizo recapacitar..."

 Durante la conversación, ella empieza a recordar como era su ciudad natal, Hamhung. Según ella, por las calles, se puede ver cantidades incontables de niños de la flor. Todos ellos no superaban los cinco años de edad. Se apoyan entre ellos al no tener progenitores a sus lados. Se quedaron huérfanos por la muerte de sus padres. "Me acuerdo que una niña de cuatro años agarraba la mano de su hermano de tres vagabundeando por la ciudad. Si encontraba algo de comida en el suelo, lo recogía, lo soplaba y se lo daba con una sonrisa...es increíble como el régimen no hace nada por estos críos. Para mí, es una injusticia tremenda. Alguien debería hacer algo por ellos sino morirán..."

4 mar 2013

Historias (Parte 18: Sin sensibilidad)


 Él se muestra preocupado de sí mismo. "Estoy empezando a no entristecerme con las muertes de las personas. Las defunciones de las personas, sean conocidas o no, por el hambre o por las enfermedades me parecen algo tan normal que a veces me pregunto: ¿Porqué no lloras de los fallecimientos?". Cada mañana él oye cinco a seis muertes diarias por los vecinos, especialmente ancianos, mujeres o niños. "Los ancianos están demasiado débiles que no superan los sesenta años de edad en su mayoría...muchos son abandonados por sus propias familias y nadie se preocupe en ayudarles, ni siquiera el régimen que siempre vocea por la igualdad de las personas..."

 Presenció diversas ejecuciones de personas acusadas de robar unas ovejas, cabras y vacas para comerlas o personas que opinaba negativamente de los mandatarios de Corea del Norte. Cree que después de ver tantos fusilamientos, él se acostumbró a no apenarse por los condenados a muerte. Los guardias obligaban a toda la ciudad a presenciar dichos actos. Entre el público, niños de pocos años y mujeres de aspecto bondadoso e indulgente. "Es horrible pero con el tiempo uno nota que esto es algo muy común. No sé que tipo de consecuencias emocionales me podrían traer en el futuro. Esto se tiene que acabar. Creo que mi corazón esconde algo de sensibilidad aún, o eso espero..."

3 mar 2013

Historias (Parte 17: Las desapariciones consecutivas)


 Él aún no quiere creer de lo que pasó sobre la desaparición de su vecina y de su hijo prematuro. La historia es que ella se suicidó después de meses de depresión por su culpabilidad de haber matado a su bebé cuando lo único que pedía de forma desesperada era leche materna. Hace semanas que se presentaba los primeros síntomas de la desnutrición y el bebé agarraba constantemente los senos de su madre. Ella, al no poder dar su necesidad, le había tirado por la puerta. Aquel pobre criatura falleció en el acto por diversos traumatismos y las posteriores angustias arrepentidas de la madre no sirvió de nada para devolver a aquel bebé con vida. 

 Él, después de ver morir a su hija y su padre por inanición, abrió la puerta de sus vecinos en busca de cantidades pequeñas de arroz y maíz. En la primera casa, vio a un niño de cinco años y un anciano invidente sin poder apoyarse en alguien. Los padres de niño le había dejado hace días y aún no hay noticia de ellos. Cuando abrió la siguiente puerta, vio a una familia exhaustos por no ingerir comida en días y sus barrigas sonaban fuertemente. Él dejo de abrir las puertas de sus vecinos. Aquel día también llegó con las manos vacías. Piensa en ir a China con su madre y con sus hijas. Está esperando el momento adecuado para hacer las maletas y dirigirse hacia la frontera. 

2 mar 2013

Historias (Parte 16: Los robos)


 A sus 50 años, no había visto nada igual. Opina que hasta los militares tienen que recurrir al robo con violencia para no pasar el hambre. "Fue hace algunos años. Vi con mis propios ojos a unos militares caminando por los pasillos del mercado de la ciudad (zona de Songhwa en la provincia de Hamkyung Sur), cogía las pocas mercancías que tenían los vendedores sin nada a cambio y empezaban a correr..." Para él, ya es corriente ver a los soldados a hurtar cantidades considerables de maíz y patatas de los agricultores. Los cultivadores, impotentes, no le quedan más que observar como recogen el sudor de sus trabajos con total exención. 

 "Yo no maldigo a esos militares. Ellos no tienen la culpa. También lo haría si la situación está en su límite...incluso comprendo a dichos jóvenes que quieren sobrevivir y servir al país". Le cuesta salir de su garganta frases críticas hacia el régimen. Tiene miedo que alguien le oiga y que en varios días esté dedicando a hacer trabajos forzosos en algún lugar desconocido del país donde ya llevó a algún amigo suyo. "Como todos, no me queda otra cosa que callarme e intentar buscarme la vida. Yo no tengo familia. Todos ellos han desaparecido al "otro lado". Estoy solo en este mundo. No es que busque cariño o apoyo pero si me lo dan tampoco lo rechazaría..."

28 feb 2013

Historias (Parte 15: Los que quejan y las que levantan)


 Ella lo afirma muy orgulloso. Son las mujeres quienes intentan levantar a un país tan devastado y decaído como Corea del Norte. "Nuestras manos son las que intentan salvar a familias que no pueden levantarse por sí solas. Comprendemos mejor y ayudamos a las personas necesitadas aunque carecemos de cosas esenciales en nuestras vidas". Cuando las mujeres se reúnen para establecer diálogo, no soportan la perezosa disposición de los hombres. Dicen que ellos se quejan de todo y que consuelan sus desalientos con el alcohol y el tabaco. El descontento de los hombres es de tal magnitud que los visitantes bromean en los hogares donde predominan los muchachos diciendo: "¿Está el quejido en la casa?"

 Las labores de las mujeres, según ella, no son valoradas no deberían ser. No entiende porque un régimen que anteriormente gritó por la igualdad de todas las personas en Corea del Norte trata de ignorar el excepcional trabajo de ellas. "Meses después de la muerte de mi vecina por neumonía, su esposo se sentía inútil porque no sabía nada de las labores domésticas. Solo quejaba de lo mal que iba el mundo. Horas así. Él no trabajaba hacia tiempo (le habían despedido) y no tuvimos más remedio que abrirle los ojos diciendo que sus hijos dependían de él y si no reaccionaba al tiempo, ellos morirían por falta del cariño". 

27 feb 2013

Historias (Parte 14: La ciudad en dos partes)


 Ella cuenta que en su ciudad natal, Chongjin, existen muchas personas sin poder percibir sus sueldos mensualmente y que son obligados a ejercer trabajos extra para tener algún tipo de ingresos en sus hogares. Según ella, la ciudad está dividida en dos. Por un lado, existen personas que pueden permitirse caprichos extravagantes presumiendo coches de alta gama y residencias de grandes dimensiones. Y por otro lado, los restos. Gente que no piden limosna por las calles de la ciudad para no ser arrestado y ser acusado de "manchar" la imagen de la nación socialista como la norcoreana. "La desigualdad es enorme. Cuando giras el cuello, uno podrá saber las dos partes de la ciudad. No es muy difícil..."

 "Las familias que se pueden permitir comer tres veces al día tienen en sus domicilios cantidades inmensas de arroz. Podrán subsistir con eso años sin pasar hambre aunque haya una crisis alimentaria y económica". Pero lamenta que la brecha extrema entre los ricos y pobres ha fracturado la amistad y el respaldo mutuo entre los residentes de Chongjin. "Veo personas que ignoran a los hambrientos que antes fueron amigos o conocidos. Se están cambiando de actitud. ¿Cadena de favores? ¿Solidaridad? Esas palabras ya no existen ahí. Sólo queda la ambición propia por la supervivencia. Y es muy triste ver eso..."

25 feb 2013

Historias (Parte 13: Escapar de la enfermedad)


 Hace varios inviernos, la fiebre tifoidea se expandió en la zona (ciudad de Hamhung, situada en la provincia de Hamkyung-Norte) donde vivía ella. "Todos con dolores estomacales fueron al hospital. La enfermedad se expandía como un relámpago pero los doctores eran insuficientes de atender a todos los pacientes. He visto que algunos morían en los pasillos del hospital. A parte de las muertes por dicha enfermedad, ella veía a los fallecidos con diversas causas de muerte. "Un día, una señora moría gélida en su casa al no haber leña suficiente para soportar el frío. Otro día, un hombre se había suicidado. Y otro día, una vecina moría hambrienta...no sabe lo doloroso es ver esas imágenes diariamente". 

 Ella trabajaba en una enorme fábrica de producción de abonos junto a su esposo. Dicho sitio empleaba a más de cien mil personas que vivían en Hamhung. Tras años trabajando, sin motivo alguno, la empresa se cerró y ella decidió cruzar la frontera en busca de una nueva oportunidad en China. Se siente muy arrepentida por haber dejado a sus padres y a su hija de cinco años. "Me he precipitado demasiado con la decisión que he dejado a mi propia hija. Iría de vuelta a Corea del Norte para traerla pero he oído que había un montón de militares en la frontera. Pero está decidido. Voy a por mi hija. Sólo espero que esté sana y salva". 

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24 feb 2013

Historias (Parte 12: La separación)


 Ella tiene tres hijos. Había vendido pastas dulces de arroz en el mercado, había trabajado como dependienta en una carnicería e incluso había recogido plantas medicinales por los montes. Aún así, los gastos sobrepasaban a los ingresos y tomó una difícil decisión. "Le dije a mi marido que nos separemos durante un tiempo. No porque se nos haya acabado el amor sino que la carga que teníamos de cuidar a los niños sea mucho menos pesada para los dos. Él no tuvo más remedio que decir que si". En donde había trabajado su esposo, hacía meses que no le daba los sueldos correspondientes que él, por indignación, se refugiaba en el salón de la casa a base de cigarrillos. 

 Al no poder soportar más la actitud de su marido, ella tomó aquella complicada decisión de alejamiento. Él se llevó al primogénito y ella, a sus dos hijas menores. Empezó a trabajar en distintos sitios pero la suerte no estaba a su lado que decidió finalmente ir a China dejando a sus hijas con unos familiares de manera temporal. "Me gustaría ganar una buena cantidad de dinero lo más rápido posible y volver a ver a mis hijas...de mi hijo y de mi esposo, no tengo noticia alguna. Ni una carta o una llamada. Que estarán haciendo...sueño algún día con estar los cinco juntos felices otra vez. Pienso a veces porque la vida es tan injusta conmigo. Simplemente no lo entiendo..."
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19 feb 2013

Historias (Parte 10: El abandono)


 Aquella idílica y bella joven de veinte años, en proceso de establecer su plan de futuro a largo plazo, se había enamorado de un chico. Tras meses de convivencia, ella se quedó embarazada. El hombre, quien tenía que estar a su lado durante el proceso de gestación, había desaparecido repentinamente sin previo aviso. Ella esperaba en la puerta a ver si aparecía pero su sombra no aparecía. Aquella inocente criatura salió al mundo y solo pudo ver el rostro agotador de su madre. La ya madre decidió marcharse a China y antes de hacerlo tenía que tomar la decisión más difícil de su vida. 

 Amarró al bebe, de dos meses de edad, con la mejor manta que tenía en el cajón, le dio el último beso y se dirigió hacia la casa de un desconocido. Dejó al niño cuidadosamente en el suelo de la entrada del edificio y empezó a correr sin mirar atrás cruzando la frontera. "Merezco todo el castigo de las personas. Esto no hubiera hecho ni la persona más malvada de este mundo. Ahora mismo lamento muchísimo de lo que he hecho. La cara de mi hijo me sale en todos los lados...y escucho sus gritos entre las conversaciones de la gente..." "Yo no merezco el perdón de mi niño. Tiene todo el derecho a odiarme. Ojalá que un rayo caiga sobre mí. Entonces si que estaré mucho más tranquila conmigo misma..."
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17 feb 2013

Historias (Parte 9: He visto lo extremo)


 "No se lo van a creer. He visto cosas que usted diría que es mentira. Durante mis cuarenta años de vida, he visto que los padres tenían que vender a sus propios hijos para poder comer o esposos poniendo precio a sus cónyuges ante las mafias en la fronteras. Sus acciones han sido descubiertas y fueron fusilados en secreto por los militares jóvenes. Duele que mis pupilas pudieran ver solo actos desagradables. No hay seguridad en las calles. Todos miran mal a todos. Sospechamos de todos. Una vez, vi como humillaban a un hombre que mató a su hijo para comérselo después...terrible..."

 Su voz empieza a temblar cuando comienza a recordar unas imágenes en su cabeza. Un día, abrió la puerta de uno de sus amigos. Nadie estaba dentro de ella. Pasaron días y meses pero no hubo noticia alguna de ellos. "Posiblemente habrán escapado a China o a Rusia o habrán sido desaparecidos sin dejar rastro". También abrió la siguiente puerta de un vecino suyo aquel día. Vio como los cuerpos de la familia del residente ya no respiraban desde hace días. Habían tragado veneno y habían fallecido horas después. "Y lamentablemente, estas cosas sucederán todos los días en Corea del Norte. A uno se le queda esas estampas pasadas para toda la vida..."
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14 feb 2013

Historias (Parte 8: Intercambios por necesidad)


 Él, un hombre de unos 40 años, trabajaba en el sector de metal de la ciudad de Musan. La falta de control diario en las instalaciones hizo estallar una explosión. No hubo víctimas mortales pero los daños estructurales de la ubicación han sido enormes. El complejo se convirtió en un lugar fantasma y restringió la entrada a trabajadores y curiosos. Él había cogido ciertos materiales dañados para poder intercambiar con comidas hecho en China. El atraso de entrega de salarios a los empleados había hecho aumentar el índice de robo de materiales destruidos por la explosión pese a la prohibición de las fuerzas de seguridad del régimen.

 Al no haber más materiales para coger y trocar, él había empezado a vender cigarrillos. Sus expectaciones económicas no llegaron al mínimo deseado. Vio como sus padres desaparecían por diversas enfermedades y su mujer sigue enferma con complicaciones en el corazón. Decidió marchar con la familia a China al ver a sus hijos desnutridos. "Es difícil ver a tus hijos pidiendo bol de arroz y que tú no puedas decir absolutamente nada. No sé cual es peor. Estar callado o mentir". Siguen residiendo en la zona norte de China. No descartan ir a Corea del Sur pero él prefiere buscar primero un empleo para satisfacer las necesidades más urgentes de la familia: buscar un buen médico para su mujer y comida para sus hijos.
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13 feb 2013

Historias (Parte 7: Sin poder estar en contacto)


 Él todavía se arrepiente de no haber llevado a su hijo a cruzar la frontera y empezar una nueva vida en China. Dejó una nota y se marchó sin poder despedir de su primogénito. Cuando llegó a la estación de tren para comprar el billete, había visto a numerosos niños vagabundeando por los andenes y ancianos pidiendo unas monedas a los transeúntes. El notó el nerviosismo de la gente viendo los temblores de sus manos. Todos querían irse para no desaparecerse.  "Cuando subí al tren a los pocos minutos se paró por falta de electricidad. En los asientos estaba lleno de gente agobiado por la situación. Algunos saltaron por las ventas para airearse un poco. Debimos esperar horas hasta que se arrancó". 

 Vio como su esposa y sus dos hijos pequeños caían en la debilidad. No quería que su hijo mayor tuviera también aquel trágico desenlace. "Le dije que fuera un soldado ya que ahí podía estar más seguro respecto a la comida y al alojamiento". Desde que salió de su casa, perdió el contacto con su hijo para siempre. Se muestra preocupado: "¿Y si le hubiera pasado algo por la nota que le escribí? Solo pido a Dios que le proteja y que me perdone. Volvería a Corea del Norte para poder traerle aquí. Sería la persona más feliz del mundo si recibiera una llamada o una carta suya cualquier día de estos". 

4 feb 2013

Historias (Parte 2: El régimen abandona a su esposo)


 Ella, una mujer de unos treinta años, está desesperada. La distribución alimentaria que facilita el régimen norcoreano no la llamaba a su puerta desde hace meses y su familia depende de los ingresos de su esposo que se levanta cada mañana con su vehículo de tres ruedas para comenzar el día como repartidor a tiempo parcial. Durante las horas restantes, arregla relojes de vecinos a cambio de pequeñas cantidades de monedas. Ella estaría dispuesta a ayudar a su marido pero los recuerdos sobre su hija que murió a causa de una neumonía la impiden salir a la calle. Murmura: "Si aquel entonces, tuviera yo sólo un poquito más de dinero y de medicamento, mi hija no hubiera muerto tan joven..."

 A veces, reflexiona con ella misma si su mundo, basado en inculcar el socialismo en todo el territorio de Corea del Norte, es realmente un paraíso. Ella siente antipatía hacia el régimen. Además de su hija, vio morir a amigos y vecinos suyos en sus domicilios. Su esposo había trabajado en la minería y en diversos sectores de la industria pesada hasta que un día sufrió un accidente que le obligó a amputar una de sus piernas. "Su cara ha cambiado mucho desde aquel entonces. Está más oscuro. Algunos se refugiarían en el alcohol o en la violencia para manifestar su malestar. Pero él no es así. Creo que también siente hostilidad hacia los que mandan este país, pero no quiere vernos sufriendo de hambre. Por eso, se va a trabajar cada día. Es un buen hombre y le seguiré queriendo hasta el final de nuestras vidas". 

4 jul 2012

Los niños reservas


 La tensión era inminente y era única manera de poder salvar el país era luchando contra los paisanos enemigos. Aquellos niños soldados, ya convertidos en ancianos, recuerdan aquel día que sin asignación alguna del ejército oficial, levantaron las escopetas para enfrentar en un territorio vibrante por el salvajismo de la guerra. "Te matarán si expresas el miedo, haz como que no estás asustado. Demuéstrales lo fuerte que eres". El trato a los niños reservas no era lo mismo que a los soldados oficiales designados por el gobierno. Se les consideraba como luchadores de segunda clase y en cada campamento, además de la vigilancia nocturna diaria, los trabajos domésticos corrían a cargo de ellos. Los estudiantes, aquellos jóvenes que se ilusionaban en aprender más cosas de la vida, no tenían más remedio que seguir el frenético ritmo de la contienda.

 29597. Es el número exacto de los jóvenes soldados que después de 62 años se han convertido en personas de pieles arrebujadas que presenciaron como sus amigos morían delante de sus ojos inofensivos. Nos cuentan que después de la guerra tuvieron problemas para aprender las lecciones de los libros. El complejo psicológico generado por la guerra les bloqueaba a estudiar y a tener una vida corriente. Muchos habían pensado que el trauma podía ser algo pasajero pero con el transcurso de los años, no paraban de tener efectos adversos y gritaban con lágrimas para que esto se curara. "Oh, que alguien me ayude por favor, estoy enfermo. Muy enfermo. No se que me está pasando". 


 Las historias particulares de los niños reservas están siendo cada vez más olvidadas en la sociedad coreana. Pequeños homenajes que se celebran anualmente no es suficiente para rememorar los grandes esfuerzos que hicieron para defender de los contrarios. Sus manos están siendo cada vez más delicadas que secan las lágrimas con mucho miramiento. "No pido nada de otro mundo. Sólo quiero que se recuerden de nosotros y que ustedes son libres ahora porque hemos luchado viendo como nuestros amigos perdían algo tan valioso como la vida. Necesitan escuchar nuestras historias. Cuando las escuchen comprenderán muchas cosas. Espero que ustedes jamás puedan llevar una arma o ir a una guerra". 



Nota: Además de los hombres, las mujeres, todas ellas jóvenes, tuvieron que ser partícipes en la Guerra de Corea. 


Ya son muchos los niños reservas, convertidos en ancianos, quienes recuerdan lo que pasó durante aquellos momentos. Apellidos como Kim, Park, Moon, Noh o Kwon están grabados en una roca que les hace un homenaje.

18 nov 2011

Quiero vivir como una persona


 Hace algunos meses pasé noches enteras leyendo los testimonios de aquellas personas que, con sus nombres ficticios y edades aproximadas, empezaron a contar sus propias historias. Miles de hojas que relataban la verdadera sociedad norcoreana: la gente que ha sufrido de hambre (que afecta la mayoría de la población norcoreana), gente que tuvieron que despedir a sus familiares sin predecir muy bien cuando volverán exactamente, gente que se siente responsable de todos los males de la familia, gente que ha perdido a sus hijos y que aún están buscando, gente que habla con cierto miedo sobre el mundo de la corrupción gravísima en Corea del Norte, gente que habla como funciona la educación, gente que se siente humillado y perseguido constantemente por el régimen sólo por intentar expresar lo que piensa, gente que cuenta sus experiencias en las cárceles o en los campos de concentración...

 Muchos de ellos han establecidos sus andaduras en China, en Corea del Sur, en Canadá o en Estados Unidos. Aunque en el primer momento temían hablar, supieron que era necesario contar todo lo que sabían porque era la mejor forma de que el mundo entero sepa lo que sucedía en el territorio norcoreano. Leyendo las infinitas pero indispensables entrevistas, todos concluían con la frase "Quiero vivir como una persona". Y con esfuerzos gigantescos, lo consiguieron. Ya alejados de la tiranía, cuando abren los ojos, miran el alrededor y sienten que ya nadie les controla. El día a día de estos contadores de historia actual norcoreana se basa en encontrar aquellos pequeños trozos de independencia que el régimen les quitó parcialmente cuando nacieron.