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7 may 2013

Humillado por altruista


 En uno de los andenes de la estación de tren de Pyongyang, los niños de la flor se habían acercado a uno de los vagones del tren pidiendo comida a los pasajeros. Un turista chino, que había visitado por motivo del día de nacimiento de Kim Jong-Il, estaba desolado por los aspectos de aquellos niños que abrió la ventana de su asiento, abrió el paquete que llevaba panes y fideos instantáneos y empezó a repartir. Como si fueran palomas, decenas de niños de la flor captaron la repartición de la comida e inmediatamente abrieron sus pequeñas manos para tener el trozo de pan más grande. Cuando el tren, en dirección a China, estuvo a punto de partir, de repente se paró. Unos guardias habían entrado en el tren en busca del turista altruista. 

 Fueron cuarenta minutos interminables que uno de los guardias estaba en su estado más categórico de la histeria avergonzando al turista chino delante del público. Sus gritos se oían en toda la estación. Él no tenía más remedio que aguantar la presión que pesaba sobre él y ser humillado. Según él, le había dicho que: "¿Crees que somos unos desgraciados? Si te ha sobrado comida, lo tiras en un basurero o lo llevas a tu país". Durante aquellos minutos, se mezclaba en sus palabras amenazas, insultos y vejaciones inacabables. Ya cabizbajo de forma psicológica, los guardias bajaron del tren y el motor de los vagones empezó a arrancar. 

 Dijo que dudaría en volver a Corea del Norte después de lo sucedido. "Sólo quería dar algo a aquellos niños que estaban hambrientos. Esto de defender lo indefendible es increíblemente absurdo y surrealista. Incluso en China no pasa estas cosas. Sólo espero que esos niños estén bien aunque le espera un futuro bastante oscuro por gente que le desprecia de manera constante". 

13 mar 2013

Historias (Parte 23: En el mercado)


 "El se marchó al otro lado del mundo hace ya tres años por una enfermedad y tuve que estar a cargo de la familia vendiendo pocas cantidades de panes o cigarrillos en el mercado local (zona de Kyong-seong, situado en la provincia Hamkyung-Norte)". Pero su plaza de la lonja se veía amonestada constantemente por unos guardianes jóvenes que quitaban sus pertenencias sin explicación alguna. Ella no podía protestar. Iba en contra de la ley y sería acusada por "desobediencia civil". Suplicaba que devolviera al menos la mitad de lo extraído pero su imploración molestaba aún más a los malhechores y era expulsada del recinto. Dicha escena se repetía cada día. 

 Ella vio como su deuda se acumulaba al no haber beneficio por culpa de aquellos maleantes. "Paso los días con las lágrimas en los rostros. Pero esto solo pasa con las mujeres que tenemos una cierta edad. Las jóvenes regalan o invitan unos cigarrillos o un vaso de alcohol a esos guardianes y así, consiguen mantener sus puestos. ¡Menuda injusticia! He tratado de denunciar esta situación pero tengo miedo de la represalias de esos sinvergüenzas. Tengo a una familia que alimentar pero es imposible ganar el pan de cada día. Esto no pasa solo a mí. Sino a todas las mujeres y hombres mayores que intentamos sobrevivir como sea. Esto es un eterno calvario. Solo quiero que haya una solución lo antes posible..."