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4 may 2014

La decisión incómoda de la madre

 Imagen de Human Rights Watch

 El hecho sucedió el día 6 de febrero de 2008. Era una mujer que padecía la agonía de su situación por primera vez cuando su esposo murió por accidente laboral en una minería cercana de carbón. Su segundo hijo se quedaba ávido hasta que cerró los ojos por última vez ante la presencia de su madre. Ya no estaba nadie alrededor suyo y la angustia la provocó hacer un acto infrecuente pero demasiado terrible. Partió en trozos el cuerpo de su hijo recién muerto y vendió una parte de ella al comerciante de la carne de cerdo que vivía en el mismo barrio. Con el dinero que recibió, compró 13 kilos de maíz.

 Con el sentimiento de culpa intentó regresar a su casa. Pero la noche era muy oscura y las luces de las farolas apenas se encendían que ella deambulaba las mismas calles de manera incontable. No conseguía salir de aquella confusión hasta que unos guardias nocturnos la llamaron para que se identificara. Después se fueron hasta un lugar desconocido para ella. Sin previo aviso. Le quitaron a fuerza los sacos de maíz y la encerraron en un cuarto oscuro. ¿Qué pasa aquí?, preguntó desesperada. Te hemos detenido por el asesinato de tu hijo y vender su carne en el barrio...estarás aquí hasta que digan mis superiores lo que harán contigo.

 Desde entonces, nadie sabe sobre la existencia de aquella madre. Algunos apuntan que está encerrado en el campo número 18 y que está obligada a realizar trabajos forzados durante más de doce horas. Su cuerpo también se está debilitando. Apenas puede ingerir el maíz que se reparte a diario y la sopa que se da en la cena no sabe a nada. Quizá este tipo de caso es inusual pero advierten que con la situación que afronta Corea del Norte actualmente estas ocurrencias podrían aumentar si el régimen sigue desoyendo de las peticiones más necesarias de la población. 

9 mar 2011

Correr con el carbón


 La mina de carbón situada en la provincia de Hamkyung-Norte fue inaugurada incluso antes de la ocupación japonesa en la península coreana a principios del siglo XX. Esta mina no tiene planos estructurados como otras y los mineros entran en cualquiera zona para extraer carbón. Eso hace que muchos arriesguen sus vidas antes de entrar. En cualquier momento, una piedra de gran tamaño se puede caer sobre sus cabezas o caer en una emboscada y no ver la luz para siempre. Son muchos que corren de un lado a otro con treinta kilos de carbón a sus espaldas. Ahí denominan a estas personas como "corredores del carbón". 

 Cada día, miles de cabezas caminan hacia un determinado territorio. Son caras carbonizadas por el trabajo de ayer y son manos demasiadas agrietadas por interminables horas de trabajos. Ellos no intentan hablar ya que la energía que conservan en sus cuerpos es escasa y la vigilancia es constante. Se entremezclan niños de apariencias de diez o doce años hasta ancianos de setenta años. Todos trabajan en lo mismo. Los más fuertes o que tenga esa apariencia entran en lo más profundo de la mina mientras que los más débiles intentan hacer pedazos con el martillo. Una y otra vez. Mismo ritmo. El mismo movimiento. 

 Nota 1: No existen datos concretos si las mujeres trabajan en las minas de carbón. Hay una cierta probabilidad pero no lo sabemos con exactitud. 
 Nota 2: En los siguientes días, haré hincapié en la vida de los mineros y de su entorno. 

7 ene 2011

La desaparición de las hormigas

 Si desaparecen las hormigas, los seres humanos no serían capaces de sobrevivir en la Tierra. Cada día, las hormigas no se dejan de ver en el territorio norcoreano. Mueren de uno a uno. Que el hambre sea la causa principal de la muerte en Corea del Norte es una realidad y este factor es la que llama la atención constante por la comunidad internacional. Mediante las agencias de noticias principales se supo la muerte de cantidades de personas por el hambre. Por ejemplo, la hambruna del 96 ha causado el mayor interés desde el surgimiento de Corea del Norte y el régimen no hubo otra manera que aceptar la existencia de esta lacra y dejar a las organizaciones humanitarias a actuar dentro del territorio.

 Una mujer de veintitantos años está a punto de tener un hijo, pero ella no tiene de fuerzas suficientes para levantarse del suelo. Su esposo está en la minería ganando el pan pero con lo que cobra sólo podrá subastar a su familia cinco días. La mujer se levanta y se dirige, sin que su esposo se de cuenta, al mercado e intenta vender algo de comida. Pero hoy tampoco es un buen día.

 Vuelve a casa e intenta descansar. Lleva casi dos días sin comer y con lo que ha trabajado en el mercado, ha cogido una pulmonía severa. Intenta hacer una sopa de maíz con verduras pero no tiene fuerzas. Además el maíz está a punto de acabar y su esposo todavía no ha cobrado (trabaja casi 16 horas diarias). Llega su marido a casa y sonríe. Él está muy ilusionado con la llegada de su primer hijo. La mujer intenta masticar pastos para intentar engañar el hambre, pero el hambre sigue amenazando su vida. El doctor de la aldea dice que si no se cuida, el hijo no sobreviviría.

 La odisea sigue en Corea del Norte. Decenas de miles de ancianos, mujeres y niños intentan sobrevivir cada día, pero sin éxito. Poco a poco, las hormigas están desapareciendo en Corea del Norte. Los seres humanos también. Mientras tanto, el régimen ignora y menosprecia a los hambrientos sabiendo la situación a la perfección. La fase espeluznante de la realidad norcoreana es desconocida por muchos. Ellos nos pide ayuda pero sus voces son mudas y sus reivindicaciones son ocultadas.

 Nota: En 2001, el régimen norcoreano tuvo que admitir que murieron más de 250.000 personas de hambre. El Programa Mundial de Alimentos estima que casi el 40% de la población norcoreana necesita ayuda urgente por parte de la comunidad internacional.