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4 may 2014

La decisión incómoda de la madre

 Imagen de Human Rights Watch

 El hecho sucedió el día 6 de febrero de 2008. Era una mujer que padecía la agonía de su situación por primera vez cuando su esposo murió por accidente laboral en una minería cercana de carbón. Su segundo hijo se quedaba ávido hasta que cerró los ojos por última vez ante la presencia de su madre. Ya no estaba nadie alrededor suyo y la angustia la provocó hacer un acto infrecuente pero demasiado terrible. Partió en trozos el cuerpo de su hijo recién muerto y vendió una parte de ella al comerciante de la carne de cerdo que vivía en el mismo barrio. Con el dinero que recibió, compró 13 kilos de maíz.

 Con el sentimiento de culpa intentó regresar a su casa. Pero la noche era muy oscura y las luces de las farolas apenas se encendían que ella deambulaba las mismas calles de manera incontable. No conseguía salir de aquella confusión hasta que unos guardias nocturnos la llamaron para que se identificara. Después se fueron hasta un lugar desconocido para ella. Sin previo aviso. Le quitaron a fuerza los sacos de maíz y la encerraron en un cuarto oscuro. ¿Qué pasa aquí?, preguntó desesperada. Te hemos detenido por el asesinato de tu hijo y vender su carne en el barrio...estarás aquí hasta que digan mis superiores lo que harán contigo.

 Desde entonces, nadie sabe sobre la existencia de aquella madre. Algunos apuntan que está encerrado en el campo número 18 y que está obligada a realizar trabajos forzados durante más de doce horas. Su cuerpo también se está debilitando. Apenas puede ingerir el maíz que se reparte a diario y la sopa que se da en la cena no sabe a nada. Quizá este tipo de caso es inusual pero advierten que con la situación que afronta Corea del Norte actualmente estas ocurrencias podrían aumentar si el régimen sigue desoyendo de las peticiones más necesarias de la población. 

10 jun 2013

Aquel policía capturado

Imagen de Chosun TV

 Aunque se imagina que Corea del Norte es solamente un país de propaganda milimétrica siendo visibles a militares delgados levantando sus piernas apuntados al cielo, en el interior de su territorio los funcionarios, en este caso, un policía que ayudaba recientemente a los esperanzados que ansiaban escapar del país con rumbo a China. Él trabajaba como la fuerza de orden en la ciudad de Hyesan pero no dejaba descubrir a sus compañeros de trabajo su otro lado que supondría una traición en el país. Era un hombre joven. Tenía unos treinta años y ayudaba a los desertores que querían escapar del sufrimiento causado por el régimen. 

 Establecía contactos telefónicos anónimos con las organizaciones de los desertores que residían en Corea del Sur. Sus actos disimulados fueron descubiertos por el régimen y fue amonestado y apartado de su labor policial. Pero el hombre siguió con las llamadas con el fin de ayudar a los desertores e inmediatamente recibió una notificación por el régimen a ser castigado severamente en caso de repetir dicha acción. Temeroso del toque de atención, decidió que el desertor fuera él mismo y trató cruzar la frontera durante la noche. Aquellas luces le detectaron y fue inmediatamente capturado por los militares que patrullaban la zona. 

 Después de la detención, los activistas de derechos humanos intentaron establecer el contacto pero no se sabe nada de él. Las opiniones apuntan que fuera llevado a una cárcel de forma provisional hasta que fuera condenado a ser encarcelado en los campos de concentración existentes en el país o la pena capital al ser un funcionario de cierta importancia. Las desapariciones de los despiertos son frecuentes en Corea del Norte. La libertad que tanto sueñan sigue sin ser encontrada. El régimen, dirigido por la élite, sigue imposibilitando la circulación voluntaria de las personas y la rebelión de los más necesitados en el país parece que está siendo encubierto por el silencio. 

22 abr 2013

La detención de los malvados, pero malas noticias para ellas


 Las obligaban a estar en frente de un ordenador e iniciar el chat en salas de contactos esporádicos con el fin de imponer a contraer matrimonio con desconocidos, en su mayoría, hombres que residían en zonas rurales en el área fronteriza del territorio chino. Aquellos intermediarios y traficantes ocultos de mujeres norcoreanas fueron detenidos por la policía china tras un largo seguimiento. Entre ellos también se encontraba un hombre de nacionalidad norcoreana y doce mujeres, víctimas de la impiedad de estos individuos. Este pequeño grupo de delincuentes empezaba a operar desde el abril de año pasado y consiguió engañar a decenas de mujeres que estaban esperanzadas con salir de la pobreza extrema. Por cada mujer, ellos recibían cinco mil yuanes y diez mil yuanes adicionales si conseguía casarla con algún ciudadano chino. 

 Según el testimonio de una de las víctimas del tráfico de las mujeres norcoreanas, ella se casó por obligación con un chino pero fue otra vez vendida por otro hombre y la dejó embarazada. Ahora ella tiene miedo de su vuelta a Corea del Norte. Cree que si vuelve a su país natal, las fuerzas de seguridad de Corea del Norte sabrán su historial de escape e inmediatamente la llevarán a un campo de concentración. Teme por la vida de su hijo que aún sigue en su vientre. Oyó que algunas mujeres con el embarazo habían sufrido torturas inhumanas por los soldados y que tuvieron que perder a sus descendientes una vez salidos al mundo. Además, al no haber condiciones sanitarias adecuadas, ellas tenían el grave riesgo de ponerse débiles bajo la pasiva y forzosa mirada de los doctores en aquellos campos. 

 Las doce mujeres ya pisaron su territorio natal. El periódico local de Heilongjang sólo había informado la deportación de aquellas féminas y la detención de los malvados pero no del más allá de la proscripción de las mujeres. La frase "Si usted trabaja en China, podrá ganar mucho dinero" ha hecho que miles de personas se marcharan de sus hogares sin acarrear sus consecuencias más directas. Una vez dentro, es prácticamente imposible saber noticia alguna de ellas. La libertad y la riqueza personal que tanto deseaban les habían dado la espalda por culpa de unos indignos que no necesitarán la compasión nuestra. 

28 mar 2013

Los mercenarios "inocentes" de la droga

Los cuatro traficantes de droga norcoreanos, en su momento de detención por la policía australiana. Fue en 2003. 

 La misión de estos comerciantes de sustancias prohibidas disfrazado de marineros era introducir heroína en el Sur de Asia y en el continente oceánico. Los cuatro integrantes del cometido cogieron como prestado un barco, propiedad de régimen norcoreano, y recorrieron las aguas internacionales. Al conocer las consecuencias (pena capital) que podrían enfrentarse en caso de ser descubiertos con cincuenta kilos de dicha sustancia en países asiáticos pegados al continente, trataron de llegar a puertos diminutos de la costa australiana y maniobrar de forma triunfal la encomienda. 

 Pero la eficacia de la fuerzas de seguridad del país fueron suficientes para que fueran detenidos inmediatamente y trasladados en una prisión de Melbourne. Tres años después, se celebró un juicio penal acusados por tráfico de drogas y contra la salud pública pero fueron absueltos por falta de pruebas. Ellos celebraron bendiciendo al líder norcoreano Kim Jong-Il por "acompañarles" a sus lados. A pesar de ser exculpados de sus actos, fueron deportados pocos días después. La cabeza del grupo, apellidado Song, antes de hacer escala en Singapur para llegar a Pyongyang, decía: "Estamos muy felices por poder volver a Corea del Norte después de estos años...". Orgullosos y sin ningún signo de arrepentimiento en sus caras. 

 Ya había pasado casi diez años desde aquel suceso. Existen rumores de que fueron recibidos malamente por los dirigentes del país. No por sus actos sino por el descuido del plan y por no haber traído beneficios económicos acordados al régimen. Disgustados por el fallo humano, posiblemente habrían dirigido a ser enviados a campos de concentración y sus nombres se habrían quedado en el olvido, incluso para sus familiares. Song había dicho a los periodistas australianos justo antes de abandonar el aeropuerto: "...aunque no sabremos que nos puede pasar ahí...". Él y sus compañeros ya intuían cual sería la siguiente etapa de sus vidas, aunque no les gustasen.

23 ene 2013

El escándalo

Ayuntamiento de Seúl

 Una noticia acaba de conmocionar Corea del Sur. Un funcionario del ayuntamiento de la capital, de origen norcoreano, que encargaba de administrar los archivos con datos personales de los desertores y refugiados de Corea del Norte que residían en Seúl, acababa de ser detenido por la policía en colaboración con el Centro de Inteligencia de Corea por enviar miles de fichas personales al régimen norcoreano. Al percatar de las sospechas hacia él, intentó huir pero fue arrestado gracias a la rápida actuación judicial. Su delación ponía en peligro a los familiares de unas 10.000 personas ya que los ojos percatados de los dirigentes norcoreanos con estos documentos convertirían en órdenes que llevaría al calvario a decenas de miles de inocentes.

 Los cumplimientos del cargo que ocupaba este joven detenido eran atención personalizada a todos los refugiados norcoreanos que residían en la capital que incluye una visita semanal, atención telefónica y asistencia social. Él había escapado de Corea del Norte en 2004 cuando estaba trabajando de doctor después de graduarse en la universidad de Chongjin. Una vez llegado a Corea del Sur, había estudiado diversas carreras en una de las universidades más prestigiosas del país obteniendo así una ocupación muy bien remunerada en el sector de comercio internacional teniendo la oportunidad de viajar constantemente a China. Se trataba de una mente brillante pero sus viajes escondidas a Corea del Norte entre los años 2005 y 2007 para entregar documentos confidenciales levantaron un presentimiento negativo hacia él que al final, fue detenido.

 Su delito correspondiente es de espionaje y prontamente estará en el banquillo de los acusados. Él niega las acusaciones y aclama su inocencia. Las asociaciones de derechos humanos en el país se muestran preocupadas por el aumento de espías disfrazados de refugiados. Entre 2008 y 2012, hubo seis detenciones por casos similares y fueron condenados de 4 a 10 años de prisión. La pericia del régimen y la lucha entre ambos bandos no tendrán fin, mientras que ellos están ideando un plan macabro: acabar con la vida de primer hijo de Kim Jong-Il por el hecho de ser un hombre "vagabundo", "liberal", "alternativo" con las doctrinas ideológicas tradicionalistas norcoreanas.
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18 nov 2012

El observador incómodo de los cuerpos

El contenido de la siguiente imagen puede herir su sensibilidad. Los cuerpos yacen en el suelo sin poder ser recogidos por sus familiares. 


 "Mi trabajo consistía en observar a los cuerpos que no respiraban. Vi como las ratas tenían sus masas corporales voluptuosas por ingerir parte de esos cuerpos. Cada día caminaba entre los líquidos y charcos de sangre que salían de los cuerpos. He visto montañas de cadáveres. Yo me encargaba de limpiar los campos de concentración de cuerpos sin alma. Durante la mayor parte de mi vida caminaba por los infiernos. No sabía que era un paraíso. Aún esas imágenes no me salen de la cabeza. Lo tendré siempre hasta que me muera". El calvario del señor Ri empezó en 1990 cuando fue detenido al ser confundido como un "espía surcoreano" por recibir una cantidad de dinero por su hermanastro que residía en Corea del Sur. Recibió todo tipo de tortura y recibió el cargo de limpiar los cadáveres de los campos. Sabe el número exacto de los cuerpos que limpió: 850. 

 "Cada día entraba uno o dos cuerpos rodeado por una bolsa de plástico transparente. Observé los cadáveres. Había cuerpos diminutos como los de los bebés, medianos como los de los jóvenes y niños y cuerpos como los míos, de adultos. Seguramente habrán estado por estos lugares por tener a familiares fuera del país". El camión que trasladaba los cuerpos para poder incinerar venían una vez al mes. Ri los cogía y los metía. Uno a uno. Las lágrimas no paraban de salir. Impotencia y constante rabia. Era la última persona encargada en decía aquella palabra que estaba reservada para los círculos más íntimos de aquellos cuerpos que no conseguían estar descansados: "Adiós". 

 "Vi como morían por agotamiento. Unos por ingerir pastos venenosos y otros por sesiones de tortura". A los responsables de los campos, la muerte de los inocentes tenía nula importancia ya que consideraban como traidores de la patria. Los incontables intentos del señor Ri fueron suficientes para salir de Corea del Norte y poder establecer en Corea del Sur. Pero cada noche sueña con cosas que no le abandonaría nunca al señor Ri de su mente: 850 almas inocentes que observó, los responsables burlándose de las víctimas, de las ratas abultadas, de los campos de concentración, del camión que llevaba los cuerpos para incinerar, de charcos de sangre, de las lágrimas de aquellos que aún siguen sobreviviendo.