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28 mar 2013

Los mercenarios "inocentes" de la droga

Los cuatro traficantes de droga norcoreanos, en su momento de detención por la policía australiana. Fue en 2003. 

 La misión de estos comerciantes de sustancias prohibidas disfrazado de marineros era introducir heroína en el Sur de Asia y en el continente oceánico. Los cuatro integrantes del cometido cogieron como prestado un barco, propiedad de régimen norcoreano, y recorrieron las aguas internacionales. Al conocer las consecuencias (pena capital) que podrían enfrentarse en caso de ser descubiertos con cincuenta kilos de dicha sustancia en países asiáticos pegados al continente, trataron de llegar a puertos diminutos de la costa australiana y maniobrar de forma triunfal la encomienda. 

 Pero la eficacia de la fuerzas de seguridad del país fueron suficientes para que fueran detenidos inmediatamente y trasladados en una prisión de Melbourne. Tres años después, se celebró un juicio penal acusados por tráfico de drogas y contra la salud pública pero fueron absueltos por falta de pruebas. Ellos celebraron bendiciendo al líder norcoreano Kim Jong-Il por "acompañarles" a sus lados. A pesar de ser exculpados de sus actos, fueron deportados pocos días después. La cabeza del grupo, apellidado Song, antes de hacer escala en Singapur para llegar a Pyongyang, decía: "Estamos muy felices por poder volver a Corea del Norte después de estos años...". Orgullosos y sin ningún signo de arrepentimiento en sus caras. 

 Ya había pasado casi diez años desde aquel suceso. Existen rumores de que fueron recibidos malamente por los dirigentes del país. No por sus actos sino por el descuido del plan y por no haber traído beneficios económicos acordados al régimen. Disgustados por el fallo humano, posiblemente habrían dirigido a ser enviados a campos de concentración y sus nombres se habrían quedado en el olvido, incluso para sus familiares. Song había dicho a los periodistas australianos justo antes de abandonar el aeropuerto: "...aunque no sabremos que nos puede pasar ahí...". Él y sus compañeros ya intuían cual sería la siguiente etapa de sus vidas, aunque no les gustasen.

19 dic 2012

Detectados


 Mientras las familias enteras lo utilizan para eliminar la angustia que llevan en sus interiores y ven como sus cuerpos se deterioran a corto plazo, para otros la metanfetamina se manifiesta como un negocio inmensamente lucrativo pero con consecuencias perjudiciales que posteriormente afecta al régimen de Corea del Norte. Hace meses, en la provincia china de Liaoning, arrestaron a un hombre de mediana edad de nacionalidad norcoreana que ocupaba un cargo significativo en materia de exportación, dependiente del régimen central, por intentar introducir de forma ilegal unos cien kilogramos de dicha sustancia que su valor económico podría calcularse en 200 millones de dólares aproximadamente. 

 Las autoridades chinas cuentan que este hombre conseguía durante años anteriores a introducir drogas sintéticas con éxito para expandirlas por toda la zona noreste del país. Hasta que las denuncias anónimas de los residentes chinos hizo caer en su propia trampa de ambición. Según la declaración del arrestado, la actividad realizada durante los últimos años fue una tarea dirigida por la cúpula gobernadora del régimen. Decía que era una de las maneras de recaudar dinero para abastecer las necesidades del régimen, sin pensar en los reclamos más urgentes de la población. Y que muchos son enviados como él a realizar esta acción y en caso de ser detectados por la policía china, son condenados solamente de cinco a siete años de prisión al no ser una droga natural. 

 En las prisiones de Liaoning, es posible que se mezclen los detenidos por el delito de narcotráfico y desertores que querían huir de la inanición pero que no tuvieron la misma suerte que algunos compañeros que consiguieron estar en Corea del Sur o en terceros países. Mientras que unos habían escapado para encontrar sus dignidades y para dar de comer a sus familiares, otros ya habían arrugado desde Corea del Norte sus pundonores para cometer un acto tan lamentable como el narcotráfico. 
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23 mar 2012

Otra vez, las drogas


 Es inevitable mencionar la necesidad de cometer delitos como el narcotráfico para sobrevivir por parte de los obreros norcoreanos en amplias tierras forasteras. Se desconoce plenamente si fueron obligados a fabricar de forma casera estupefacientes por sus jefes o si se elaboraron por voluntad propia para generar ingresos. Aunque esta actividad no puede ser contada dentro del territorio norcoreano, aquella detención de varios traficantes que realizaban sus actividades ilegales en Rusia hizo disparar silenciosamente la noticia que los habitantes residentes por el norte del país habrán oído alguna vez.

 Cuando se escuchó la noticia, muchos (fabricantes caseros de drogas) no han dudado en ser destinados a Rusia para realizar ahí sus actividades. Al crecer la demanda repentinamente, muchos han utilizado el soborno para ser los primeros de la lista de destinados a los campamentos. Por cada gramo de droga, un traficante recibía 900 rublos (unos 30 dólares) y los clientes, en su mayoría, son adultos rusos que viven en Tynda y óblasts vecinas. Las drogas, además de ser vendidas a terceras personas, también se utilizan para el consumo propio. Muchos quienes estuvieron ahí dicen: "Consumir esto te hace olvidar del hambre, del frío y del cansancio. Te alucinas e imaginas tu mundo particular". 


 La nefasta parte de las drogas es que existen personas (obreras en su mayoría, pero también hubo casos de jefes) que con el consumo sucesivo pero exagerado de la droga hace que acumulen deudas que no pueden pagar y deciden quitarse la vida. Cuando el momento de la lamentación es demasiado tardío, sus mentes empiezan a avanzar al pesimismo más absoluto y sus cuerpos, ya descarnadas por sustancias placenteras equívocas, no le responden y como último deseo, piden al cielo que cuiden a sus familias y agonizan despaciosamente por voluntad personal.

 Nota: Una parte de estas drogas producidas es vendida por los grupos chinos y rusos que dedican al narcotráfico para luego vender a la población civil.