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10 oct 2012

¿Apertura o negocio?


 A partir de estos momentos, el hermetismo ya no sería vinculado con Corea del Norte en caso de confirmar el uso de teléfonos móviles en todo el territorio. Algo que detestaba su padre, ya que la mayor libertad de comunicación entre habitantes suponía un grave peligro del mantenimiento del régimen, el propio hijo daba el pistoletazo de salida a la apertura digital. Aunque ya estableció un contrato de colaboración con la empresa egipcia Orascom Telecom en 2008 para dar servicios de tercera generación en principales ciudades del país, desde estos días, la cobertura será al 100%, es decir, la comunicación móvil será disponible en cualquier rincón de Corea del Norte.

 Este cambio se debe a la estrategia del régimen central para atraer a inversores chinos. Parece ser que la transición que prometió a la comunidad internacional es dar bienvenida a los que quieran cooperar económicamente dando una satisfacción al régimen norcoreano. Esto se podría traducir que el ámbito de la situación de los derechos humanos seguirá siendo opaco y molesto a Kim Jong-Eun. Pero la tenencia de los móviles tiene sus puntos positivos. Podríamos saber, mediante anónimos, vivencias cotidianas de distintos lugares del país. A pesar del control extremo que ha caracterizado al régimen.

 Aún tienen que empezar a escribir mensajes de texto o enviar correos electrónicos vía teléfono móvil. Pero su aprendizaje será cuestión de días. Incluso se hizo posible las llamadas internacionales desde los teléfonos móviles. Me imagino a cientos de miles de llamadas destinadas al unísono a escuchar la voz de alguien que siempre quería oír y decir frases cotidianas que estamos acostumbrados a hacerlo desde este lado. Aún hay demasiadas preguntas que tenemos que hacer con el nuevo servicio de móviles en Corea del Norte pero poniendo el punto optimista, esto podría ser aquel paso tan esperado como necesario de analizar en profundidad la realidad norcoreana.
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19 mar 2012

Los que están en Tynda


 Cuando la "crisis del rublo" golpeó de manera monumental la economía rusa durante los mediados de los años noventa, los que dependían de la exportación de materias primas como el petróleo, el gas natural, los metales o la madera eran los sectores más perjudicados. Este declive económico también afectó severamente a los que trabajaban en los campamentos de Tynda y, al carecer del registro reiterativo de los taladores norcoreanos por parte de los "guardianes" del régimen, muchos fueron quienes aprovecharon de esta confusión y consiguieron escapar primeramente a la ciudad de Tynda. Se calcula que aproximadamente fueron unas ochocientas personas. 

 En una pequeña ciudad rusa donde el número de los habitantes no pasaba los cincuenta mil, la avalancha de los necesitados norcoreanos ha sorprendido a la mayoría de los nativos. Muchos pensaban, ¿de dónde habrán salido estas personas? Estos agotados y ávidos pedían ayuda. Los gestos faciales con sus dientes debilitados y las manos moviendo manifestaban socorro y un techo donde refugiarse. La incomprensión del ruso era el gran obstáculo para ellos pero prontamente pudieron adaptarse a la sociedad rusa. Sacaban algunos rublos con el transporte de leñas o hacían pequeños arreglos manuales tocando la puerta de cada apartamento. A la inmensa mayoría le gustaba el trato agradable de la gente y han decidido quedarse ahí. Otros han sentido inseguridad y han emigrado a otras ciudades rusas. 

 También existen obreros que de manera provisional han pedido permiso a sus jefes norcoreanos para ir a Tynda y regresar al campamento a cabo de uno o dos años cuando la mejoría de la situación económica en Rusia ha sido notable. Con el dinero ganado, sobornan a sus jefes, compran su silencio, maldicen callado y salen para siempre de aquel infierno que tanto sufrimiento hizo vivir aunque percatan el alto precio de no ver a su familia eternamente hasta que semanas después darán cuenta que pueden hacer una llamada a sus familiares y coger nerviosos el teléfono del locutorio cercano. 

30 mar 2011

El teléfono móvil


 Parecía que en Corea del Norte, el uso del teléfono móvil estaba absolutamente prohibido pero con la grata sorpresa, el número de los usuarios de este aparato se ha disparado en los últimos años. Casi 200.000 personas hablan a diario con los teléfonos móviles. En Corea del Norte, estos aparatos son denominados como "teléfonos de mano". En las principales ciudades del país, existen varias tiendas especializadas en aparatos de telecomunicaciones y los jóvenes de 20 a 30 años son los que más se sienten curiosidad a esta "maquinita" que cabe en la palma de la mano. 

 ¿Esto significa que en Corea del Norte se está abriendo al mundo exterior y es posible intentar contactar con gente de otros países? La respuesta es un no. Cada conversación, cada palabra, cada susurro está controlado férreamente uno a uno por el régimen central. Si en una conversación se oyen temas incómodos, aquella persona es inmediatamente detenida por alta traición hacia el régimen y enviado a prisión. Sólo se pueden oír frases como: "Hola, ¿como estás?", "Hoy he levantado de la cama pensando en nuestro gran líder", "¡Que buen día hace hoy!, "Te veo en la plaza para la ofrenda floral diaria", etc. 

 El acceso al teléfono móvil no es asequible para todos. La inscripción a estos aparatos ronda alrededor de 800 dólares americanos y cada mes hay que pagar una cuota de 100 dólares. El teléfono móvil no se da en el acto sino hay que esperar la aprobación del régimen. Para que sea aprobada hay que saber el conocimiento básico de estos aparatos y no tener antecedentes penales. Estos "teléfonos de mano" son accesibles principalmente a la gente con poder adquisitivo altísimo o comerciantes influyentes dentro del país. Aunque se haya introducido por fin la telefonía móvil, la vida monótona norcoreana sigue igual. Parece ser que el cambio va a un ritmo cada vez más lento.