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19 sept 2011

Conversaciones con mi padre (Segunda parte: sus preocupaciones)


 Durante el transcurso de la conversación, mi padre me miró muy preocupado:
- ¿Sabes lo que significa la tragedia de la isla de Yeongpyeon? Que seguramente estamos preparando para una posible guerra entre las dos Coreas. Y entonces intervendrán también Estados Unidos, China, Rusia y Japón. Creo que ya no es posible el diálogo... ¿como hemos llegado a esto?
- Tranquilo, papá...
- Y encima, los rojos (el régimen) no son capaces de disculpar con las víctimas. Son gente diabólica. Maldita sea! Si fuera yo unos cuantos años más joven iría a destrozar al régimen de cabeza. Y no soy el único que pienso así, casi el 95% de los surcoreanos ya están hartos de todo este suceso. Y pobrecitos habitantes norcoreanos...
- Papá, tú ya eres bastante mayor además estás en el extranjero manejando tu propia vida. No puedes hacer nada. 
- ¿Cómo que no? ¿Tú sabías que en caso de que ocurriera la guerra, todos los coreanos tenemos que estar preparados?
- No entiendo. 
- Cuando estaba yo de militar, yo era sargento. Y tengo historial militar. Si explota la cosa, tengo que dejar todo aquí y viajar para Corea del Sur...
- Pero, ¿eso es posible? Sólo has estado dos años y después no has ejercido jamás de tu puesto militar. Además ya tienes más de sesenta años. 
- He nacido en un país donde cualquiera sospecha de otra parte puede ser peligrosa. La guerra no distingue de edades o de sexo. Si el gobierno coreano me llama, no tengo otra manera que luchar por el país. Aunque no lo quieras. 
- ¿Y no hay otra alternativa?
- No...

 Mientras mi padre seguía con su empleo de palabras políticamente incorrectas hacia el régimen norcoreano en solitario, me quedé pensando. ¿Mi padre tiene que ir a la guerra, aquel término que sólo lo oía mediante los medios de comunicación? ¿Y que será de nosotros? Y miré a mamá. Pobrecita...ella ya lo sabía todo y no dijo nada a nosotros para no preocuparnos. Con esta conversación, descubrí el escondido mundo de una persona tan cercana que hace días parecía lejos como mi padre. También descubrí de sus preocupaciones. Mientras yo repetía una y otra vez: "esto no es posible...esto no es posible...esto no es posible..."

18 sept 2011

Conversaciones con mi padre (Primera Parte: sus primeros momentos)


 Antes, nunca había tenido una conversación tan íntima y personal con mi padre, aquel hombre que hace pocos años había superado la barrera de los sesenta años. Mi padre, ese hombre tímido y poco hablador empezó a contarme de sus recuerdos más hondos ya que los coreanos, sean del sur o del norte, habían sido testigos directos de la Guerra de Corea (1950-1953). Cuando la guerra ocurrió, el aún tenía 12 meses de vida. Pero recuerda perfectamente lo que dijo su madre. Cuando empezó los bombardeos por la madrugada, su madre, sus amigas y sus vecinas amarraron a sus hijos con una sábana en la espalda, empezaron a coger sus pocas pertenencias y corrieron sin parar hacia sitios que ellas mismas tampoco lo sabían. Para ellas, ir detrás de los forasteros hacia una dirección incierta era la única salvación. Durante esos años, tuvieron que vivir en distintos sitios y conocer a personas con la misma situación. 

 Poco después del armisticio pactado entre ambos países, vio por sus propios ojos como la ciudad de Seúl estaba totalmente destrozada. Su casa donde nació se había convertido en un escombro y su madre, en vez de estar triste, cogió todas las herramientas y materiales posibles para intentar reconstruirlo. Toda la familia ayudó a reconstruir la casa y así, sus vidas. Aquel entonces, muchos niños no podían ir a la escuela o comer dos o tres veces al día. Mi padre me dijo que se sintió muy afortunado de recibir una educación. Al final, pudo ir a la universidad y estudiar lo que más quería: la ingeniería. En medio de la conversación, vi en el rostro de mi padre como se escapaba una lágrima. Quizá nunca había contado su propia historia a nadie, ni siquiera a sus mejores amigos. Era la primera vez que veía a mi padre llorar.