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8 nov 2012

Intercambio de barcos y suertes opuestas

Imagen: Puerto de Gunsan

 Nueve personas. Seis norcoreanos y tres inmigrantes chinos. Dos familias. Uno de ellos, cantante en la Orquesta de la Alegría en Pyongyang. Varios menores. Fue aquel día 21 a las once y media de la noche desde el puerto de Daren (China) donde cogieron el barco y se dirigieron hacia el sur. No había luz pero confiaban que el destino les seguía llevando hacia la próxima parada. Tenían que permanecer despiertos durante aquellos interminables horas hasta que han podido llegar en el punto intermedio del Mar Amarillo. Podían estar tranquilos. Nadie les vigilaba. 

 La espera mereció la pena y pudieron coger un barco pesquero marcado con una pequeña bandera surcoreana en el frente. Aun les quedaba un largo camino. Habrían dicho: "Estamos salvados, estamos salvados". Durante el día solo veían el agua y el cielo nublado y por las noches, astros observadores que proporcionaba ventura a nuestros valientes que escapaban desde China. El calor corporal iba desapareciendo de sus cuerpos. Temblaban pero estaban preparados para afrontar sus objetivos marcados antes de subir al barco. 

 Día 24 a las seis y medio de la tarde, llegaron al puerto de Gunsan (Corea del Sur). Mientras los seis norcoreanos fueron trasladados inmediatamente a la capital para poder estar sometido a diversas pruebas, los tres inmigrantes chinos (entre ellos una niña de cinco años) fueron retenidos en la comisaría de aquella pequeña ciudad. El viaje era un plan apoyada por diversas organizaciones religiosas cristianas para rescatar a los desertores norcoreanos en China. Cada día, es frecuente poder ver nuevas formas de escapar de ambos países y llegar a Corea del Sur. 

 Un tiempo después, los norcoreanos han podido encontrar la sonrisa y el apetito. Están sanos y han podido comer. Los inmigrantes chinos no han podido tener la misma suerte. Se les han notificado una orden de expulsión y serán devueltos a sus lugares de origen en pocos días. 
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20 abr 2012

Buenas noticias que llegan con sorpresa


 Es cosa del destino que un acontecimiento tan abyecto como el lanzamiento de misil norcoreano haga florecer las buenas noticias como suspender las expulsiones de refugiados norcoreanos por parte del régimen chino. Después de tantísimo tiempo. La omisión de comunicación de los planes del lanzamiento a China fue el principio de la fricción entre ambos países y el egocentrismo presentado por el régimen norcoreano hizo inquietar a la élite china y cuando se lanzó el misil, China como motivo de "revancha", tomó una medida que era el deseo de miles de personas que luchaban para que ningún norcoreano pueda ser repatriada a su país.

 Esta decisión da, en cierto modo, un sabor agridulce para las organizaciones de derechos humanos y políticos implicados en esta lucha. Los clamores recientes que incluían personas conocidas en el ámbito cultural y político surcoreano bajo el lema #Savemyfriend eran desoídas por el régimen chino argumentando con el pretexto de: "Estamos aplicando de acuerdo a nuestra propia ley y la legislación obliga repatriar a personas que asientan en China de forma ilegal". Aunque detrás de la cortina, la hermandad política e ideológica de ambos países hizo dificultar la lucha incansable de personas anónimas que se manifestaban en las embajadas chinas de distintos países y, a través de las redes sociales.

 Pero esto no significa que el trabajo de los anónimos se haya ido en vano. Sus súplicas hicieron que el presidente surcoreano Lee Myung Bak hablara con el homólogo chino Hu Jintao sobre este asunto que por su parte, manifestó el entendimiento de la situación y que estudiaría la interrupción de las deportaciones masivas. Los que lucharon cada día para que esta noticia llegue, hoy, están de enhorabuena. A los dirigentes del régimen norcoreano se les hervirá la sangre. Esto puede ser el principio de la consecución de buenas noticias. Hoy, los refugiados norcoreanos lloran por la decisión de China, pero esta vez, de júbilo.

 Nota: Esto es la declaración de un responsable de la provincia de Liaoning (China), zona fronteriza con Corea del Norte: "Cuando un refugiado es enviado de vuelta a su país, es el final de su vida. No podemos ignorarlo".