Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas

7 sept 2019

Durante estos casi 40 años...


 En Japón está pasando algo curioso. Shinzo Abe, aquel hombre que lleva el segundo mandato desde diciembre de 2012, después de un año de breve mandato entre 2006 y 2007, se está permaneciendo en el poder que este año se cumplirá casi los 7 años. Una "hazaña" que no ocurre desde el mandato de Koizumi (aquel hombre que consiguió estar de primer ministro más de cinco años) y que Yasuo Fukuda, Taro Aso, Yukio Hatoyama, Naoto Kan y Yoshihiko Noda no consiguió estar en el poder más de un año. La opinión pública japonesa cree que la popularidad actual de Abe se debe a su estrategia de rigidez ante los caprichos del régimen norcoreano durante los tres mandatos de Koizumi. Especialmente, no ceder ante el chantaje de Corea del Norte relacionado con el secuestro orquestado de los ciudadanos japoneses por parte de la élite norcoreana desde los años 80. Con ello, ha conseguido que Tokio fuera la sede de los Juegos Olímpicos el año que viene y realizar una fórmula para sacar a su país después de décadas de estancamiento económico, el "Abenomics". 

 La práctica del secuestro de los ciudadanos japoneses por parte del régimen ocurrió desde 1980 con el fin de atacar Corea del Sur ante una enemistad demasiado visible entre ambas Coreas durante la Guerra Fría. Hasta en 2002, después de la cumbre de Japón y Corea del Norte, el régimen no admitía estos secuestros. Su estrategia era tan cuidada que incluso convenció a los militantes de partidos de la izquierda de Japón para que negaran esos antecedentes. El cambio de idea sobre reconocer dichos actos tenía relación con recibir cantidades considerables de dinero. Sin embargo, los japoneses no entendían como podía el régimen negar durante más de dos décadas lo sucedido. Además, otro aspecto que hizo enfadarles fue cuando el gobierno japonés pidió oficialmente las cenizas de Megumi Yokota (el régimen norcoreano afirmó que estaba muerta), y cuando lo entregó, al hacer la prueba de ADN, era de un ciudadano de origen norcoreano. 

 Otro acto que no podía entender los japoneses, durante la reunión del 2002, era que el régimen norcoreano hizo que cinco ciudadanos secuestrados pudieran a ver a sus familiares después de muchos años pero que tenían que volver al territorio norcoreano por miedo a que se filtrara información que detallaba la realidad del país. Aquí se dice que Abe hizo que no volvieran a Corea del Norte y a partir de entonces, la relación entre ambos países empeorara. El actual primer ministro sigue alardeando esta estrategia como si fuera su hazaña más destacada. Pero aún quedan asuntos pendientes relacionado con el caso, y que se ha mencionado este aspecto en la ONU, para poner fin a la espera de los familiares, que siguen esperando una respuesta a pesar de que la certidumbre es un vocablo que poco a poco se aleja de ellos. 

24 oct 2015

12 horas de aproximación


 Un poco más de 60 años después, hace tres días, el gran momento les tocó a ellos. A 389 personas, formado por 96 familias, con rugosidades y lunares en sus rostros que certificaban la espera de anónimos para ver a uno de los 141 miembros que fueron enviados por parte de Corea del Norte. Si en el caso de que se decidiera celebrar dicha reunión en tierras surcoreanas, el régimen norcoreano iba a reaccionar de manera hostil. Por eso, decidieron, para no retrasar más el encuentro, en el punto medio (?) de la península. En un hotel situado cerca del monte Geum-gang. El tiempo dado por ambas delegaciones para las familias separadas era de 12 horas. Durante aquel tiempo, que no llenaba el día entero, tenían que contar sobre la vida que han tenido ellos durante más de 60 años, a abrazarles y a acariciar el rostro que mostraba el sufrimiento del ser humano.

 Durante estos cinco años que escribo este blog, estas reuniones solamente se han celebrado dos veces. Y gracias a la mediación de la Cruz Roja Coreana que hace un papel realmente importante para intermediar a ambas Coreas con el fin de lograr más encuentros como la que presenciamos por los medios esta semana. Lo que sí quiero decir es que con los desacuerdos que existen entre estos dos países (aunque en este aspecto, el régimen norcoreano es el mayor culpable por incitar a la cancelación en caso de que no satisfaga sus caprichos diplomáticos) las verdaderas víctimas son estos ancianos cuya lista de espera tiene un número descomunal: 65.000 que esperan que llegue una respuesta positiva sin conocer detalladamente el estado físico que están sus familiares en Corea del Norte. ¿Se imaginan estar separados de sus padres, hermanos o amigos durante décadas sin poder mandar una carta que contengan palabras de emoción o una llamada telefónica? 12 horas es un periodo de tiempo demasiado cruel para los familiares cuando la separación de las dos Coreas es el resultado del egoísmo humano que tanto nos ha caracterizado.

 Y se han separado. Por segunda vez. En decenas de autobuses por caminos distintos. Algunos habían dicho que ya podían morir tranquilos y que eran felices al poder ver por última vez a sus seres queridos. Otros, ya demasiados mayores, no paran de llorar. Tienen algunos la esperanza, que se apaga a raíz de la edad avanzada, de que la reunificación ocurra antes de su desaparición. Y dos realidad ocurrirán a partir de ahora en las dos Coreas: en el sur, los recién llegados intentará combatir la soledad ante una sociedad que sigue menospreciando la vejez mientras que en el norte, los familiares presenciarán como los obsequios que contengan valor alguno serán requisados por el régimen norcoreano y volverán a sus hogares con las manos casi vacías. Esperando el consuelo en el abrazo de sus nuevas familias.

 Actualización: La segunda ronda se celebró desde este sábado y terminará este lunes. Reunirá a unos 260 surcoreanos de 90 familias con un número aún indeterminado de norcoreanos.

4 mar 2014

La espera de los tres mil


  Os lo dije. Que ellos no iban a cambiar nunca. Era terminar los pocos días de la reunión familiar que consiguió ser de alguna forma uno de los momentos más vistos por la comunidad internacional y empezar con los lanzamientos de misiles que alcanzaron los 155 kilómetros desde Wonsan. Las hostilidades continuas entre ambos países han vuelto y la pantomima del régimen norcoreano de una falsa esperanza que transmite a los habitantes norcoreanos una y otra vez por la televisión o la radio será constante. Mientras tanto, el número de personas que esperan esa oportunidad de ver a su familiar residente en el norte sigue disminuyendo de manera preocupante.

 Las estimaciones hablan que los solicitantes que no consiguen ver a sus hermanos, cónyuges o padres y que fallecen son unos tres mil anualmente. Para ellos, el tiempo quizá es el mayor adversario para aquel reencuentro que ahora parece tocar solamente a unos muy pocos. Algunos, ya desesperados, intentan subir a las montañas más elevadas para intentar ver las aldeas que están siendo desaparecidos por la orden del régimen. La seguridad cada vez les traiciona y el pánico les cubre diariamente para que el dolor sea un objeto más que acostumbrado. Se preguntan. Porque el sufrimiento no tiene su fin a pesar de haber pasado más de sesenta años. Que culpa tienen ellos y que para ellos, quizá, el acercamiento sea la última estación para encontrar la felicidad.