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18 may 2014

¿No conoces dicha palabra?


 Tras meses de mezcla entre la curiosidad y la confusión de descubrir un mundo totalmente distinto al suyo, ella no tenía más opción que empezar a buscar un empleo. Había sido militar cuando estaba en Pyongyang y era un rostro habitual cuando desfilaba en la plaza de Kim Il-Sung junto a sus compañeras militares con el movimiento de las piernas al mismo ritmo. Con el tiempo ella sintió agotamiento de sus actividades cotidianas a pesar de haber ocupado un puesto bastante relevante teniendo a su cargo a un centenar de personas y con los años, discrepancia con las actividades ilegales que realizaba el régimen cuyo información también era accesible para ella.

 Finalmente, ella se escapó cruzando el río Tumen y permaneció durante algún tiempo en el noreste de China escondida como la inmensa mayoría de sus compatriotas esperando una poca oportunidad de salir del país rojo. De algún modo, consiguió adentrar en terceros países y pisó la tierra surcoreana. Conoció en Seúl a un hombre que sabía comprender su identidad que raramente los ciudadanos de Corea del Sur trataban de entender y prontamente contrajo matrimonio. Aún seguía confundida de su situación a pesar de haber estado unos largos meses en el país.

 Pasaba durante los ratos libres dialogando con su pareja sobre las diferencias culturales y sociales que existían entre los dos países. Y el esposo hizo una pregunta: "¿Sabes que son los derechos humanos?". "¿Qué es eso?". "¿No sabes que cada ser humano tiene los derechos básicos y fundamentales sin importar la nacionalidad, sexo, religión o lugar de residencia?". "...No". El hombre se mostraba muy alarmado. Mientras ella, a sus cuarenta años, sentía impotencia por no saber aquella palabra hasta estos días y empezó a sollozar de rabia. Entonces su esposo, limpiando sus lágrimas con sus manos, la abrazó y dijo: "Tranquila. Siempre estaré a tu lado. Para mí, eres todo lo que yo tengo y te querré siempre".  

14 jun 2011

Los desplazados (Parte 7: ¿El matrimonio feliz?)


 Aunque hay mínimos casos donde las jóvenes norcoreanas se casan con los hombres chinos por motivos afectuosos y sentimentales, la mayoría contraen matrimonio por motivos de conveniencia. Muchas jóvenes toman el matrimonio como último recurso para no ser arrestadas por las autoridades chinas, ser expulsadas a Corea del Norte y ser condenadas a trabajos forzados hasta los días finales de sus vidas. Aunque en principio era un matrimonio de conveniencia, ha habido casos que con el tiempo ha surgido una amistad profunda y respetuosa entre las parejas. 

 Con la llegada masiva de desplazados/as norcoreanos/as en los últimos años, el control por parte de las autoridades chinas hacia los matrimonios de conveniencia ha crecido de forma abrumadora. Los controles se repiten en un determinado tiempo y en caso de detectar a varias mujeres que conviven en estos tipos de matrimonio, son inmediatamente detenidas y deportadas a Corea del Norte. Una vez llegada ahí, sufren torturas inimaginables y al final son fusiladas o condenadas de por vida a trabajos forzosos. Para evitar que las detengan, muchas corren y esconden en montañas cercanas de las ciudades. Esperan que el huracán del control se tranquilice y si es oportuno, bajan a los pueblos. 

 En una pequeña ciudad china fronteriza con Corea del Norte, un grupo de 28 mujeres norcoreanas estaban conviviendo hasta que por un control sorpresa tuvieron que ser separadas, muchas corrieron pero 12 de ellas no tuvieron tanta suerte y fueron detenidas. Algunas eran madres con niños que eran menores de edad. Y en otra ciudad fronteriza también hubo un caso similar con la detención de una decena de mujeres norcoreanas. Varios años después, en la actualidad, nadie sabe que ha sido de aquellas mujeres. Si aún están vivas. Si están con sus familias. ¿Y sus esposos chinos? Tampoco se sabe nada de ellos.