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18 ene 2014

El fin de la pesadilla


 Se hace llamar "Amidon". Es polvo, de colores claros, y frágil. Pero una vez adentrado en el cuerpo humano su capacidad adictiva se expande afectando especialmente al cerebro y hace olvidar a casi la inmensa población, por un momento, la agónica realidad que existe en Corea del Norte. Hasta ahora, las drogas más representativas en el país han sido las sintéticas de elaboración casera y semillas de opio. Pero durante estos años, estas sustancias se han reinventado por algunos avispados que han visto beneficios importantes en esto a costa de deshacer los físicos de los inocentes. A ellos no les importa las cuestiones personales. Los billetes sí. Si son grandes, mejor. 

 Incluso hubo casos de familiares que han tenido que vivir en la calle al gastar todas sus ganancias en estas drogas nuevas con el fin de experimentar la paranoia colorida. La adicción es tan eficaz que una vez probada, es improbable realizar una actividad cotidiana como caminar a medio plazo. Pero a una población muy acostumbrada con lo exhausto es la mejor forma para no sentir el desgaste muscular después de interminables horas de trabajo. Estas ventas están teniendo tanto clamor en Corea del Norte que incluso se regalan en días festivos, durante las escasas reuniones familiares. 

 Quizás miles de personas no son capaces de salir por sí solas de aquel agujero invisible y temido. Adultos y niños. Hombres y mujeres. Sin distinción alguna. El "Amidon", que los expertos lo relacionan mucho con la morfina, sigue llevando a la desaparición instantánea de los inocentes. Ya una vez llegado al último nivel que es la muerte, la pesadilla ha llegado a su fin. Ya no hace falta inhalar aquellos polvos claros. Cuando ya dejan de respirar, el "Amidon" les da el último adiós e inmediatamente busca a por la siguiente víctima. Mayormente personas que no escapan en el laberinto de la angustia. 

5 oct 2013

La otra adicción


 Estas mujeres de la imagen superior representan la belleza natural norcoreana. Sus rostros son redondos y sus ojos pueden ser grandes o de forma almendrada. Hay una palabra que define lo siguiente: Los hombres atractivos vienen de Corea del Sur y las mujeres bellas vienen de Corea del Norte. En su lindeza se mezclan magnetismo instantáneo y misterio íntegro que muchas norcoreanas residentes en Corea del Sur destacan orgullosamente su atractivo natural. Al menos, para las mujeres que habían residido fuera de la capital del país, el concepto de la hermosura se basaba en tener una cara circular. 

 En Pyongyang, las mujeres demandan en tener ojos mucho más grandes que las que tienen actualmente. Especialmente personas que pertenecen en la alta esfera de la sociedad norcoreana. Además, la solicitud de disminuir el tamaño de sus narices es, para ellas, otra prioridad para estar atractivas. Quizá hayan visto series surcoreanas a escondidas para tratar de imitar el estilo de vida creada de forma ficticia. Algunas se atreven incluso a presumir algunos peinados más conocidos en Corea del Sur por las calles de la capital siempre y cuando un guardia no les pare y le dé un toque de atención. 

 Para estas mujeres, la cirugía estética supone una adicción más. El sector más mayoritario y más pobre del país intenta olvidar la realidad a base de drogas sintéticas mientras que la parte minoritaria y más pudiente, concentrados en Pyongyang, tratan de quitar sus "complejos" a base de bisturí. No es de extrañar que el régimen norcoreano contrate a cirujanos de otros países para complacer a las mujeres de sus más leales. El boom de la cirugía estética en Corea del Sur ya es conocido por todo el mundo pero en ¿Corea del Norte? Todo esto puede que vaya en contra de la ideología Juche pero el instinto universal del ser humano para alcanzar sus particulares metas hacia la belleza perfecta quizá no existan fronteras.