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30 sept 2011

Iglesias a dos metros bajo tierra


 Con el aumento de los seguidores del cristianismo, miles de personas se reúnen cada fin de semana en cuevas clandestinas o en casas de vecinos mediante el mensaje "boca a boca". Al no poder llevar la biblia por la calle, guardan papeles escritos de capítulos y versículos de la biblia que se va a estudiar cada semana. Si esta semana tocaba estudiar el libro de Isaías, cada uno escribía en una pieza de papel los versículos de dicho libro y lo llevaba. Muchos encuentran la fe en Dios y para muchos, es el mejor momento de sus vidas: establecer una conversación de Jesús con sus amigos cristianos. 

 En estas iglesias, no existen grandes templos de inmensa fastuosidad y tampoco está dividido en varias salas: salas de adultos, salas de niños, salón de jóvenes. Sino todos reúnen en un espacio limitado y ponen los papeles escritos o biblias en el suelo y hablan con voces susurradas sobre temas que toca cada semana. En estas iglesias clandestinas tampoco existen cruces. Muchos lo hacen en forma de papel y llevan en los bolsillos. Muchos saben que practicar el cristianismo supone una gran amenaza por parte del régimen y que sus vidas pueden correr peligro, pero ellos practican porque creen que después de un largo túnel de oscuridad hay una luz asombrando en sus vidas. 

 Hay un testimonio de una refugiada norcoreana que cuenta sobre su encuentro con Jesús: "Mi abuela me cogió de la mano y me llevó a una cueva que tenía un agujero pequeño para que un ser humano pudiera entrar. Aquel agujero era muy pequeño. Cuando entramos, vi un pequeño cruz de madera colgado en la pared y mi abuela empezó a leerme historias interesantes de la biblia, que tenía seguramente más de treinta años de antigüedad y me empezó a cantar himnos de los libros susurrando. Después de cantar me hizo una pregunta: "Hija mía, ¿cuál es tu sueño? ¿Qué te gustaría hacer?". Yo no sabía que decir. Entonces, mi abuela me agarró la mano y empezamos a orar. Aquel día tenían que venir unas trece personas, pero sólo han venido once. Y pensé, ´¿No le habrá pasado nada a ellos no? Esperemos que no.´  


 También existen aquellos norcoreanos, que lograron huir en su día de Corea del Norte, que se establecen en las tierras chinas para ayudar a otros norcoreanos que acaban de huir con éxito de Corea del Norte o que entran en tierras norcoreanos tratando de promover el cristianismo en sus ciudades natales o en zonas de alrededor. La rápida expansión del cristianismo podría ser gracias a la labor de estos creyentes, que arriesgan sus vidas y que introducen de manera discreta biblias y libros que enseñan sobre la palabra de Dios. El régimen sigue oponiendo de manera firme a cualquier religión que no sea la "alabanza al querido líder". Medidas radicales como torturas o ejecuciones pasan a diario en distintos sitios del país.

 Nota: En los papeles de los creyentes ponen frases como: "Dios mío, gracias por dar los alimentos cada día a mí y a nuestros seres queridos. Protégenos del mal y de las pruebas que enfrentamos cada momento. Te creemos y te amamos, Señor. Gracias por todo y oramos en el nombre de Jesús. Amen". 

4 may 2011

Aquellos alumnos desaparecidos


 En los pequeños pueblos de todo Corea del Norte, en el año 2005, los alumnos desaparecieron uno a uno estando en una clase, con una capacidad de treinta personas, ocho alumnos uniformados y sentados en una posición muy correcta. En otras clases incluso el número desciende más aún, cifrando en uno o dos alumnos. En las clases del primer curso de la educación secundaria se oían los característicos gritos de los adolescentes pero aquellos gritos poco a poco se disminuyeron cuando llegaron a las clases de bachillerato. Son muchos los padres que no ven necesario que sus hijos/as sigan estudiando en los institutos e instan que trabajen para traer una pequeña cantidad de ingreso a la familia. Muchos son familias pobres quienes abogan por esta decisión obligatoria y a la vez, lamentable. Muchos de estos jóvenes ayudan a sus padres a cultivar legumbres en el campo o roban carbón en las minerías más cercanas. 

 Los alumnos procedentes de grandes ciudades tienen suficiente apoyo económico por parte de sus familias para ir a los institutos (los datos estadísticos indican que casi el 90% de jóvenes de estas edades van a las clases, sean matinales o nocturnas). Pero cabe recordar que muchos son familias pudientes, hijos de militares de altos cargos o simplemente colaboradores estrechos con el régimen. Pero ¿que estarán haciendo aquellos chicos/as que siempre quisieron ir al colegio pero que no pueden? Cada día rebuscan el basurero para ver si hay algún trasto de cierta utilidad para venderlo en el mercado cercano o simplemente vagabundeando por la ciudad sin saber qué hacer en el futuro o simplemente son desaparecidos sin dejar rastro. Sólo Dios sabe dónde están aquellos jóvenes.